Opinión De Mario Benedicto Parra: Desenfreno verbal – Con frecuencia leemos el lenguaje ofensivo, agresivo de odio que se emplea a veces en los comentarios y mensajes en las redes sociales. Expresiones como, simio, cacorro, dañado, gonorrea, imbécil, idiota, vieja loca, viejo hp, son algunas de las ofensas altamente degradantes y de contenido discriminatorio que se escuchan con cierta frecuencia en una sociedad como la colombiana.
La libertad de expresión es uno de los derechos más valiosos conquistados por la humanidad y consagrada en el universo de las normas que rigen a los ciudadanos de todas las latitudes. Solo hay un límite: el de los demás derechos humanos.
La libertad de expresión no es un derecho absoluto cuando muestra una afectación relevante a la integridad moral, soslayando el buen nombre, la intimidad y la honra, entre otros.
El derecho a insultar no existe. Además, es una salida en falso de quienes quieren interactuar sin ideas ni argumentos. Suplantar la identidad o usar un seudónimo para agredir y disparar palabras desde la trinchera del anonimato es un delito. Un acto tan cobrade como quien tira la piedra y esconde la mano, en vez de dar la cara y expresar libremente sus juicios sin menoscabar el buen nombre y reputación del otro.
No hay justificación para revelar intimidades o echar al vuelo rumores y prejuicios alejados de la verdad. Hacerlo, trasgrede el derecho a la intimidad y honra de las personas.
Burlarse de alguien y discriminarlo por cualquier causa son conductas infames que atentan contra la dignidad de las personas y pueden ser castigados penalmente. Ese ánimo o desagrado continuo frente a alguien se tipifica como delito de hostigamiento -artículo 134B del Código Penal- y consiste en promover o instigar conductas de acoso/persecución, orientadas a causarle daño físico o moral a una persona, grupo de personas, comunidad o pueblo, por razón de su raza, etnia y sexo, entre otras.
Más allá de ponerle lupa legal a estos excesos de intolerancia y desenfreno verbal o de complacencia irreflexiva, que encajan perfectamente en los tipos penales de injuria y calumnia, urge una acción colectiva que desestimule las expresiones insultantes y alienten la argumentación.
El mundo de hoy, que no se explicaría sin las redes sociales, tan involucradas en la vida personal como en la de los medios de comunicación. Si se utilizan para molestar, maltratar, calumniar, injuriar, la conducta de los autores oscila entre la de un vulgar incivil y la de un transgresor.
¡Hasta pronto!