Editorial: ¿Menos grados, más tragos? La nueva estrategia del licor en Colombia – En Colombia, el licor que tomamos está cambiando, y no necesariamente por exigencia del consumidor. Detrás de una aparentemente inocente reducción en los grados de alcohol de productos como el aguardiente, se esconde una estrategia bien calculada por parte de las empresas productoras y comercializadoras de licores.
Desde la entrada en vigor de la Ley 1816 de 2016, que estructura los impuestos sobre licores en el país, el cálculo del impuesto al consumo se hace con base en el número de grados de alcohol por litro. A mayor graduación alcohólica, mayor impuesto. Así, un aguardiente de 29 grados paga considerablemente más que uno de 24.
¿Qué hicieron entonces algunas empresas? Empezaron a reducir el contenido alcohólico de sus productos, sacando versiones “light”, “suaves”, o simplemente con menos grados. Esta jugada no solo disminuye la carga tributaria, sino que además les permite vender más volumen con un mayor margen de ganancia. En otras palabras, menos alcohol, más tragos y más rentabilidad.
Pero lo que es aún más evidente —y preocupante— es cómo esta estrategia se está normalizando en eventos públicos, conciertos y fiestas. En muchos de ellos, la única opción disponible es licor de baja graduación. El consumidor no tiene la libertad de elegir; está prácticamente obligado a consumir estos productos que, aunque parezcan más “ligeros”, no necesariamente implican un consumo más moderado. Al contrario, al requerir mayor cantidad para alcanzar el mismo efecto, se podría incluso estar incentivando el exceso.
Paradójicamente, esta tendencia también tiene un efecto positivo: menos grados pueden significar un menor riesgo de intoxicación y comportamientos descontrolados, algo que las autoridades y organizadores de eventos valoran. Sin embargo, no podemos perder de vista que esta decisión responde, en gran medida, más al bolsillo de las empresas que a una real preocupación por la salud del consumidor.
Es hora de que los ciudadanos exijamos más transparencia y libertad de elección. Que se nos informe claramente qué estamos tomando, por qué, y con qué propósito se nos ofrecen solo ciertas opciones. El licor con menos grados puede parecer más inofensivo, pero detrás hay toda una estrategia comercial que merece ser cuestionada.