Medellín: el reino de las fajas para el cuerpo


La conversación se escucha en la intimidad compartida de una peluquería del barrio Belén, en el suroccidente de Medellín. Marcela Londoño está orgullosa de la disciplina de su hija de 14 años. “Se pone la faja muy juiciosa”, cuenta mientras recibe unas inyecciones quemadoras de grasa en los brazos. Ella misma ha usado fajas para el cuerpo durante años, no porque le guste —aclara después—, sino para ayudarse con las cirugías que se ha hecho. Londoño es una mujer voluptuosa de pelo negro alisado y con una cintura esforzada a punta de tiempo, bisturí y muchas fajas.

Apretarse, fajarse, moldearse, es parte de la cotidianidad de muchas mujeres en Medellín, pero también un negocio boyante, de exportación, del que viven miles de personas. En Estados Unidos, Perú, España y México, donde más las compran, la frase “faja colombiana” es sinónimo de calidad. Ahora se abren paso en Medio Oriente, un mercado improbable para un producto que pudiera ser considerado marca occidente.

Las cifras son impactantes más aún tras una pandemia que afectó al sector textil. Solo entre enero y junio de 2021, las ventas de fajas colombianas en el exterior aumentaron 146% en comparación con el mismo periodo de 2020 y registraron US$45,5 millones. “Hoy Colombia es uno de los líderes en exportaciones a nivel mundial, y se ha consolidado como un proveedor competitivo que ofrece productos con tecnología y de calidad”, ha dicho Flavia Santoro, presidenta de ProColombia.

El primero es China, pero ellos, asegura Juan Fernando Loaiza, especialista en investigación económica de Inexmoda, apuntan a fajar para reducir volumen mientras Colombia ha evolucionado a moldear. La innovación, dice él, es una de las claves del éxito en fajas. “Las mujeres latinas suelen ser asociadas a las curvas y son exigentes. Los productores han tenido que desarrollar prendas cada vez mejores y que van desde fajas para moldear hasta jeans levantacolas”, dice.

Pero la historia de este negocio que hoy genera orgullo en una ciudad textilera como Medellín también está asociada a esa cara que quiere olvidar: la herencia del narcotráfico. En los años 80, los jefes narcos solían usar a las mujeres como objetos de exhibición y les pagaban cirugías plásticas. Y muchos cirujanos enviaban a sus pacientes a usar fajas posquirúrgicas que, para la época, eran básicas, a lo sumo vendajes. Se instaló así un culto al cuerpo que aún se percibe.

“Los certámenes de belleza, que fueron tan importantes en Colombia, también influenciaron a nivel estético los ideales de cuerpos. Hoy en día todos intentan transformarlos, a través de ejercicio o de cirugías. Las fajas son otra manera de transformación”, agrega Loaiza.

La capacidad de ver negocios donde otros no es también considerada una marca de los habitantes de Medellín. Así que algunos proyectaron uno que lleva más de tres décadas y promete crecer. Durante años fueron unos pocos, pero ahora, según José Giovanni Pacheco, gerente de ‘Fájate’, una de las más grandes, hay cerca de 2.300 empresas de fajas y unas 190 con exportaciones de grandes sumas.

‘Fájate’ nació precisamente hace 30 años en un garaje de esta ciudad y ahora exporta a Estados Unidos, Irán, Rusia y África, entre otros. Fue la idea de dos mujeres, una instrumentadora quirúrgica y otra diseñadora de modas que comenzaron con fajas para cirugías y posparto. “Las cirugías han sido el canal validador de las fajas”, dice Juan Pablo Avendaño, líder de ventas internacionales de esta empresa, que da más de 400 empleos. En Colombia, según la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (Isaps, por sus siglas en inglés) se hicieron 413.512 cirugías en 2018.

Con los años, el negocio se ha sofisticado y hoy existen decenas de referencias. En una revista, con modelos de todos los tamaños, Avendaño muestra 98 tipos de fajas: desde bodies, ropa interior de control, vestidos de baño, fajas deportivas, cinturillas, strapless, leggins, con realce, distintos niveles de control, media pierna…un sinfín de opciones nada ajenas a muchas mujeres con las que se habla de fajas en la ciudad.

Claudia Machado es una diseñadora de modas que por fuerza de esta historia terminó siendo diseñadora de fajas de la empresa Diane & Geordi, otra exportadora con sede en Bogotá. “La clave de las colombianas es la calidad y durabilidad de las telas. Tantos años de estudio del cuerpo y la estructura ósea de las mujeres nos ha llevado a crear productos con realces y sin tantos sacrificios para las mujeres”, dice.

Y en nuevos tiempos en los que muchas mujeres intentan tumbar la dictadura del sacrificio en su relación con el cuerpo, estas empresas tratan de virar a productos más cómodos. “La gente siempre se imagina fajas tipo cintura de avispa o corsés, pero ahora se ofrecen también prendas deportivas de control, que ayudan a hacer sujeción durante el ejercicio, o vestidos de baño”, asegura Loaiza.

El efecto Kardashian

La reputación de las fajas colombianas alcanzó su máxima exposición a partir del 2015, cuando la modelo y empresaria Kim Kardashian publicó una foto en Instagram, donde tiene 260 millones de seguidores, uno de sus modelos de fajas hechos en Colombia por la marca Ann Chery.

Luego, durante la pandemia, Kardashian lanzó su propia marca llamada Skims. En Medellín han visto ese lanzamiento como un impulso mundial o lo que en moda llaman difusión ascendente. “Ella es el mercadeo ambulante”, dice Avendaño, para quien la modelo consiguió que las fajas, que algunos llaman las millennial, se sintieran más cercanas. Eso, aunque influencers y usuarias de varios países coinciden en que las Skims, al ser de baja compresión, no aprietan tanto la figura.

El efecto Kardashian habría conseguido también quitar el estigma que había acompañado a las fajas. Ahora se muestran y se llevan con orgullo como ropa exterior y hasta en colores encendidos o en animal print.

Sin embargo, no todas las llevan a la vista. En Medio Oriente, donde las fajas colombianas están llegando con fuerza, siguen bajo los trajes de las mujeres. De acuerdo con Inexmoda, Kuwait y Emiratos Árabes están entre los principales destinos. “El crecimiento allí coincide con que son países con alto gasto per cápita en moda modesta. El desafío allá es conocer la cultura y las diferencias y entender qué se puede mostrar y cómo comunicar”, asegura Loaiza.

La pandemia, con millones de personas trabajando en casa, se ha convertido en el último disparador de este mercado. Tras meses de cuarentena con gimnasios cerrados, las mujeres entre 35 y 55 años que son las principales compradoras, han recurrido a estas prendas buscando tener algo de control sobre sus cuerpos.

María del Sol Gaviria, de 43 años, empezó a usarlas hace un año, para hacer ejercicio. Su hija, Juanita Prada, de 23, la ha secundado, pero bajo la ropa y para ocasiones especiales. Como sea, la proyección del negocio es creciente, dice la diseñadora Claudia Machado. Con un mercado tan arraigado en la cultura local y el interés de muchas mujeres y también de hombres en países tan diversos de comprimirse las carnes, aplanarse la panza, levantar la cola y el busto, en definitiva, de moldear sus cuerpos, ascender es el único destino de este negocio que ya es marca Colombia.

Por: Catalina Oquendo

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