Síguenos

Opinion

Opinión De Mario Benedicto Parra: Acervo de experiencias

Opinión De Mario Benedicto Parra: Acervo de experiencias –¿Qué hemos aprendido de la experiencia, de lo que ha sucedido, de lo que nos ha pasado? Muchas de las cosas que han acontecido han sido las mismas para todos, pero no a todos nos han hecho aprender lo mismo, no a todos nos han hecho siquiera aprender.

Me propongo dedicar esta opinión a la importancia que tiene la experiencia, un tema tan decisivo para la vida de las personas.

Pongo en asunto el conocido refrán que afirma que “la experiencia es la madre de la todas las ciencias”. No necesariamente, a veces sí a veces no. Hay refranes cargados de torpeza y mezquindad: “piensa mal y acertarás”, “la letra con sangre entra”, “vale más pájaro en mano que ciento volando”. No siempre de la experiencia se aprende y, cuando se aprende, a veces no son ideas y sentimientos positivos.

Hay quienes son embrutecidos por la experiencia y quienes sólo aprenden de ella falsedades, estereotipos y perversiones. Algunos, por contra, son enriquecidos e iluminados por el paso de los años. ¿De qué depende esta doble posibilidad? De la capacidad de análisis, de la apertura de la mente, y de la magnanimidad del corazón.
Decía Martin Luther King: “Cuando mi sufrimiento se incrementó, pronto me di cuenta de que había dos maneras con las que podía responder a la situación: reaccionar con amargura o transformar el sufrimiento en una fuerza creativa. Elegí la segunda”. Ahí está la clave, a mi juicio, en cómo se responde a lo que nos pasa, en cómo se comprende lo que pasa. “La experiencia no es lo que sucede, sino lo que hacemos con lo que sucede”, dice el filósofo y novelista británico Aldous Huxley -Citado por Alex Rovira y Francesc Miralles en su libro “El laberinto de la felicidad”-.

Me pregunté después de la eliminación de Colombia en el mundial de fútbol, cuál había sido lo más significativo que habían vivido los jugadores de la selección a lo largo de la clasificación y la posterior participación en el mundial y qué aprendieron a través de la experiencia. Creo que las respuestas no pueden ser más inquietantes: Dolor, angustia, frustración, miedo, estrés, represalias, comparaciones, injusticias, pero también arrogancia, soberbia, petulancia.

Los jugadores de la selección Colombia, lograron algo inimaginable: dividirnos como país. Su arrogancia producto de mezclar política y fútbol será recordada como una experiencia que no deberá repetirse. Todos tenían cara de palo al saludo de despedida del presidente y el desplante de James a Antonella, la hija menor de edad del presidente, fue humillante.

¿Evitarán todo aquello que muchos colombianos decepcionados describen como negativo? Su experiencia ha sido dolorosa, pero, ¿realmente aprenderán?

La experiencia, de forma inexorable, viene con los años, automáticamente no adquirimos sabiduría y hacer que la experiencia se convierta en sabiduría exige humildad, reconocer y analizar críticamente lo que sucede, comprendiendo las causas y las consecuencias y estar abierto a aprender continuamente de otras experiencias y también exige empatía. La actitud positiva hacia el aprendizaje es un componente “sine qua non” para que se produzca un aprendizaje significativo. Entender el entorno y las emociones de los demás permite aplicar el conocimiento para el bienestar común.

La experiencia es una forma más de conocimiento. Hay cosas que aprendemos en los libros y otras que aprendemos en la vida práctica, pero no se aprende automáticamente de la experiencia. Prueba de ello es que algunos, a medida que van haciéndose mayores, van haciéndose más escépticos y más cínicos. La experiencia no les ha enriquecido, les ha destrozado.

Hay quienes aprenden incluso, de las situaciones adversas. Dice un proverbio japonés: “Al recoger las piedras que me lanzaron, vi que una era una joya”. Qué hermoso arte en la vida personal y profesional es el saber convertir dos signos menos en un signo más. Dos errores, dos desgracias, dos tropiezos, pueden ser manejados de manera que podamos aprender, fortalecernos y crecer. Lo decía Oscar Wilde: “Experiencia es el nombre que damos a nuestros errores”.

Pronto llegará un nuevo mundial de fútbol. Habrá en él felicidad y dolor, alegrías y tristezas y esperemos que también lleguen la humildad y la empatía. Ojalá podamos aprender de la nueva experiencia que se nos brinda. “Transformar una experiencia en conciencia, en eso estriba ser persona”, decía el novelista francés André Malraux. Y eso se puede hacer de forma reposada y silenciosa, sin grandes alardes. Hace más ruido un árbol que cae que un árbol que crece.

Me despido con esta frase famosa de Pitágoras: “Prefiere el bastón de la experiencia al carro rápido de la fortuna. El filósofo viaja a pie”.

¡Hasta pronto!

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más en Opinion