Opinión De Frank Corredor: Heridas Que Sanan


Opinión De Frank Corredor: Heridas Que Sanan – Son tiempos de pandemia, en los que estamos expuestos a infinidad de cosas, estamos expuestos, sin importar quién eres, o qué eres, expuestos a la amistad verdadera, a la crítica, a problemas sin fin, expuestos a oportunidades, buenas o malas, son momentos donde enfocamos a veces nuestra mayor parte del tiempo a los problemas, desde lo económico, la salud, incluso hasta la familia. No es fácil afrontarlos y te lo digo con razón suficiente, solo puedo decirte que tú ancla sea siempre Dios, y que tus actos, siempre sean los que al final hablen de ti. No importa si has fallado anteriormente, recuerda que tenemos el poder de ser nosotros mismos quienes cambiemos esa historia.

Obviamente debemos saber con quienes nos relacionamos, no es fácil saber exactamente qué pasará antes, solo acostúmbrate a escuchar esa voz interior que muchas veces dejamos de un lado por lo que ves al exterior; pon mucha atención a ese sentimiento inicial, a eso que algunos lo llaman sexto sentido, esa sensación que te llega cuando algo está bien o está mal, eso se llama discernimiento.

“Mejor es reprensión manifiesta que amor oculto. Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece”.

Un amigo puede decirnos lo que queremos oír. Un amigo real, nos dirá lo que necesitamos oír. Todos tenemos puntos ciegos. Todos tenemos errores, debilidades y pecados. Necesitamos gente en nuestras vidas que nos desafíe amable y amorosamente. Gente que nos conozca. Todos necesitamos gente así en nuestras vidas.

Para la construcción del futuro propio es necesario tener amigos, amigos reales, que te amen lo suficiente para confrontarte. Necesitas un pequeño grupo, un grupo donde hay una comunidad genuina, no falsas comunidades. Todos necesitamos gente como éstas en nuestras vidas.

Muchas veces el decir lo que sientes genera un acto de desafío, nunca es divertido, lo haces porque te importa esa persona. Es por eso que los padres no tienen problemas en confrontar a sus hijos, porque a ellos les importa. Los padres están más interesados en amar a sus hijos que en complacerlos. Cuando se refiere a sus hijos, son amorosos, no agradables. Si eres amoroso, tú confrontas. Si eres agradable, retrocedes en cobardía.

Te doy dos advertencias:

  1. Si alguien no está abierto a ser confrontado o enseñado, no vayas a él. «No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca; corrige al sabio, y te amará».
  2. Ve directamente a la persona. Si vas a alguien que no es parte del problema o parte de la solución, se convierte en chisme, no es amor. Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere has ganado un hermano.

Dios no te ha dado el don espiritual de la crítica. Pero si tú amas a alguien, habrá momentos cuando necesites desafiarlo. Quizá es problema de orgullo, un problema de honestidad, un problema con el licor o cualquier otra situación. Cuando llegue esta ocasión, ve a la persona. Amorosa, amable y humildemente ve a ella porque realmente te importa.

Ten presente, en tanto lo que recibes, como lo que puedas dar, siempre existirán heridas que sanan.

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