Opinión De Mario Benedicto Parra: Biografías de palabras


Opinión De Mario Benedicto Parra: Biografías de palabras  – Ahora que se habla tanto de MAMERTO debido la polémica que causó Margarita Rosa de Francisco con un tuit en el que se refirió a Jesucristo como un “mamerto”, se me hace oportuno comentar acerca de esta palabra.

Lo primero que tenemos que preguntarnos es cómo surgió la palabra “mamerto”.  Pues bien, en la década de los 60 existía un programa radial llamado Los Chaparrines y uno de sus personajes se llamaba Mamerto, era ingenuo y tonto, pero al mismo tiempo le llevaba la contraria en todo al gobierno de la época. Este personaje sirvió para que los dirigentes de la coalición del Partido Comunista Colombiano y del Partido Comunista de Colombia -pues eran dos colectividades diferentes-, usaran su nombre para denominar a sus dirigentes que por coincidencia terminaban en “erto”: Gilberto Vieira, Roberto González, Filiberto Barrero y Alberto Rojas Puyo. Es claro que esta palabra la engendraron ellos mismos como resultado del buen humor que caracteriza a los colombianos. De entonces acá, sus detractores políticos la utilizaron para darle una connotación con la izquierda política y sus simpatizantes.

Hay que decir también que en el diccionario de la lengua española no aparece la palabra mamerto, pero en el diccionario WolrdReferense sí aparece y se relaciona con la palabra provinciano, tal vez, por la creencia de que los citadinos son más avispados que los pueblerinos, cosa que no es cierta. De acuerdo con esta definición y por asociación, todos los que viven o han vivido en un pueblo, son mamertos. De igual modo, en las grandes ciudades donde gobierna la izquierda actualmente, como Bogotá, Medellín y Cali, hay más mamertos que en el resto del país.

En otros países latinoamericanos la palabra mamerto tiene otra significación: en Argentina, persona idiota; en Ecuador, persona lenta, tonta; en México, arrogante y en Venezuela, cansado, agotado.

En este orden de ideas, el concepto de izquierda política es una clasificación sobre posiciones políticas que tienen como punto central la defensa de la igualdad social, ​​​​ frente a la derecha política que considera las diferencias sociales como algo inevitable, normal o natural.

Analógicamente, en numerosos pasajes bíblicos, Jesucristo predicó y aplicó la defensa de la igualdad social, concepto sobre el cual descansa la izquierda política, entonces, ¿por qué en este país del Sagrado Corazón se rasgan las vestiduras ante la expresión que refiere que Jesucristo es mamerto, si nada tiene de alejado en el contexto actual?

Jesucristo luchó por cambiar esquemas y estructuras en los diferentes estratos del pueblo judío, sobre todo entre los grandes jerarcas del poder -religioso, político y económico-, representado en el Sanedrín.

Las primeras palabras que se conocen de Jesús van dirigidas a los pobres y a los oprimidos (Lucas 4: 16-21). Jesús se solidariza con todos los pobres, los infelices, los marginados, desfavorecidos y en general, con el pueblo humilde y sufrido. Se unta de pueblo en contradicción con la situación vigente impuesta por los hipócritas espirituales de su tiempo (escribas y fariseos) y suprime toda frontera entre los hombres por medio del perdón, el amor, el servicio y la renuncia.

“Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios” (Lucas 6: 20-24). Creo indiscutible que este es el principio clásico de la igualdad social que pregona Jesús.

Aquí en Colombia se es mamerto por defender la paz, proteger los animales y el medio ambiente (calentamiento global, fracking, glifosato, explotación minera a gran escala, deforestación), los campesinos, obreros, maestros, ancianos, enfermos; se es mamerto por defender la igualdad social y luchar contra la pobreza.

Mis queridos mamertos, ya no vale el estigma impuesto por quienes utilizan peyorativamente esta palabra para insultar porque mamerto significa luchar contra la desigualdad social en Colombia, el tercer país más desigual del mundo.

Ese alboro por la frasecita de la Mencha, refleja la pobreza en el manejo del idioma que imposibilita el arte de pensar; muchos no entendieron el mensaje.

Finalmente, ¿qué haría usted si le dicen mamerto? Pues, siéntase orgulloso porque al igual que Jesucristo, propender por la igualdad social es un honor, no haga caso a la banalización carnal y recuerde que entre nosotros está vivo el mamerto de los cielos.

Me retiro con esta reflexión: el saber y la razón hablan. La ignorancia y el error gritan. ¡Hasta pronto!

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