Opinión De Mario Benedicto Parra: La ausencia de una cultura del perdón en las políticas sociales de Colombia

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Opinión De Mario Benedicto Parra: La ausencia de una cultura del perdón en las políticas sociales de Colombia

  1. Desde principios del siglo XX se ha perseguido la lucha reivindicativa, dejando como única posibilidad las vías insurreccionales. Basta ver el tratamiento sanguinario dado en 1924 al movimiento de los trabajadores de la Tropical Oil Company en Barranca.
  2. Ha sido común la política de tierra arrasada. En 1928 la “Ley Heroica” prohibió todo tipo de organización en el gobierno de Abadía Méndez.
  3. El bipartidismo aplicado desde la ley 83 de 1931 excluyó a los actores sociales de pactos democráticos.
  4. Desde el gobierno de López, la centralidad del sindicalismo bajo la tutela de los grandes poderes (partidos políticos, Iglesia, gremios) ha generado una captación que imposibilita la negociación social.
  5. La reforma de Lleras Camargo 1945-46 con el Decreto 2313 de 1946 condicionó la unidad y autonomía sindical al control del Estado.
  6. A pesar de reconocerse el Convenio 87 de 1948 de la OIT sobre la libertad de asociación, este jamás fue presentado al Congreso de la República para su aprobación.
  7. Desde el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán los modelos de perturbación nacional aplicados desde el Decreto 1464/48 establecieron formas de censura a las actividades sindicales.
  8. El derecho de huelga ha sido siempre restringido sumiéndolo a la ilegalidad o a la práctica de tribunales de arbitramento obligatorio (Decreto 2351 de 1965).
  9. El condicionamiento de la protección social en seguridad social a la laboralización y la capacidad de compra ha condicionado la extensión de cobertura.
  10. Finalmente, Colombia es el país con más alto índice de asesinatos de dirigentes sindicales.

Las sociedades que han acogido el perdón como base de sus prácticas sociales y públicas se han permitido desarrollar la solidaridad en función de una seguridad social universal y efectiva. Colombia hoy más que nunca requiere un perdón social, sobre todo en un país sin capacidad de cohesión para descentralizar y desconcentrar sin riesgos los centros de poder económico y político.

La cultura del perdón es necesaria como control social ante los altos índices de desequilibrio, inequidad, desigualdad, ineficacia e injusticia en la que está hundida la nación colombiana. ¡Hasta pronto!