Opinión De Mario Benedicto Parra: Para quienes sufren en Navidad


Opinión De Mario Benedicto Parra: Para quienes sufren en Navidad Me quiero ocupar de las personas que sufren en Navidad o por ser Navidad. Por paradójico que parezca hay mucho sufrimiento en estas fechas cargadas de enormes significados religiosos y referentes culturales; es un sufrimiento que se esconde detrás de las luces navideñas, que se calla detrás de las canciones.

Las personas que en el último año han perdido a un ser querido por causa de la pandemia del Covid-19 o por otras causas. Es común escuchar la expresión de: “Es la primera Navidad sin mi madre… mi padre, mi hermano o mi amigo”. Es el dolor y la tristeza que produce la ausencia de un ser querido.

Las personas solitarias que no tienen con quien compartir una comida, un café, cuando en estas fechas se estrechan los lazos familiares y se agudiza el sentido de la relación con los demás. Pero hay quien no tiene a nadie para tener siquiera una conversación.

Las personas que no tienen para comprar a sus hijos alimentos y menos un juguete. Miran con ojos entristecidos las vitrinas y los estantes de los almacenes. Es una cruel realidad, pero hay muchísimas familias víctimas de esta crisis económica persistente. Antes tenían para comer, pero ahora no.

Las personas que están privadas de la libertad, los presos en las cárceles y los secuestrados. Las personas privadas de vivienda, los mendigos que duermen en las calles o andenes. Las personas privadas de paz que se encuentran en medio de los conflictos bélicos, la guerra. Las personas que por cualquier motivo se encuentran lejos de sus seres queridos, en otras ciudades o países.

Las personas con problemas de salud en general o que padecen de cáncer u otras enfermedades difíciles de soportar, cuyo diagnóstico asegura que ya no estarán en la próxima Navidad y aquellas recluidas en un hospital.

Las personas que sienten el rechazo, el desprecio o la agresión emocional de algunos de sus familiares: el hermano que desde hace años no se habla con su hermana, el yerno que no soporta a su suegra, los hijos que desprecian o rechazan a sus padres.

Las personas que han tenido o acaban de recibir la noticia de la muerte de un hijo, hermano u otro familiar por causa de un accidente de tránsito en plena Navidad.

Las personas ancianas que son recluidos en ancianatos o en hogares geriátricos en contra de su voluntad por sus hijos a quienes les dedicaron tantos años, incluida la vida. Hoy, seguramente, sentirán que son un estorbo, una carga insoportable y económica.

Quiero recordar que no todos tenemos la fortuna de sentirnos felices en estas fiestas. Sé que estas palabras no colmarán de felicidad a quienes no la tienen, pero servirán para activar la compasión de aquellas personas de buen corazón para que compartan la felicidad con alguien que no la tiene.

Les deseo feliz Navidad. ¡Hasta pronto!

 

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