Opinión De Mario Benedicto Parra: Ser campoalegruno, sin exagerar

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Opinión De Mario Benedicto Parra: Ser campoalegruno, sin exagerar – Esta opinión está dedicada a mis paisanos en el cumpleaños 213 de Campoalegre que se celebrará el próximo 14 de agosto.

Ser campoalegruno, con sus defectos, pero también sus virtudes, es enfrentar todo lo malo e indigno que tenemos, es amor, es vida, es querer mejorar, es luchar por todo lo bueno y apartar lo malo si nos lo permiten, es dar una opinión y que nos oigan, es tener a la patria chica en el corazón, es la sangre guerrera de todo campoalegruno esté donde esté.

Somos campoalegrunos, mujeres y hombres de constante lucha, de los que caminan para arriba de la candela, pues la vida y las circunstancias así nos crearon. Somos alegres, nos reímos hasta de nuestros problemas, pero también sabemos llorar de tristeza y emoción frente a lo injusto. Buscamos soluciones a todo, unas buenas, otras mejores, pero no nos quedamos quietos esperando un milagro. Lo que mejor hacemos es ser amigos, amigos del desposeído, del pobre, y como amigos, somos agradecidos.

Campoalegre es lo máximo, es la tierra donde uno nace, crece y respira. Ser campoalegruno es mucho más que haber nacido en Campoalegre, es conocer su historia y fundamentalmente defenderla. Ser campoalegruno es un honor, es el mayor privilegio que un ser humano pueda tener.

Para ser campoalegruno, hay que sentirse campoalegruno, hay que sentirse orgulloso de esta tierra, rodeada de montañas y de un llano grande, con su espléndida naturaleza, con su gente trabajadora, humilde, sencilla, alegre, que no se deja vencer fácilmente por grande que sean las dificultades, con su música, sus bambucos, sus rajaleñas, su lechona, sus tamales y bizcochos. Ser campoalegruno es sentir en lo más profundo de nuestro ser, indignación cuando se ofende o se pretende mancillar su nombre, sus símbolos, su historia. Ser campoalegruno significa anhelar nuestra esbelta palma, nuestro intenso sol.

Ser campoalegruno es vivir aferrado a la fe, es vivir el día a día.  Ser campoalegruno es música, poesía, arroz, café. Para mí ser campoalegruno implica ser afortunado. En ningún país del mundo se puede encontrar personas como los campoalegrunos. El campoalegruno es familiar, solidario, hospitalario, entusiasta, valiente, y eso es bien difícil de encontrar.

Vengo de donde el sol calienta la tierra y allí donde el corazón late más sincero. Vengo de donde nadie baila y goza como los campoalegrunos. Eso sí, ¡no se les ocurra discutir con un campoalegruno jamás! Los campoalegrunos nacemos con sabiduría. No necesitamos leer tanto, casi todo lo sabemos. No necesitamos viajar, todo lo hemos visto. Somos algo así como el pueblo escogido por Dios. Los campoalegrunos nos caracterizamos individualmente por nuestra inteligencia y cada uno de nosotros lleva en sí la chispa de los genios y los genios no se llevan bien entre sí, de ahí que reunir a los campoalegrunos es fácil, pero unirlos es casi imposible. No nos hablen de lógica, pues eso implica razonamiento y mesura y los campoalegrunos somos hiperbólicos y exagerados. Por ejemplo, lo invitan a uno a un restaurante a comer, no nos llevan al mejor restaurante del pueblo, sino al mejor restaurante del mundo. Cuando discutimos, no decimos: “No estoy de acuerdo contigo,” sino “Estás completamente equivocado”.

Los campoalegrunos amamos tanto la contradicción, que llamamos “monstruos” a las mujeres hermosas y ‘bárbaros” a los eruditos. Los campoalegrunos ofrecemos soluciones antes de saber el problema. Para nosotros nunca hay problema. Todos los campoalegrunos sabemos lo que hay que hacer para eliminar la violencia, encauzar a América Latina, eliminar el hambre en Colombia, pagar la deuda externa, quién debe ser presidente y cómo se puede llegar a ser una potencia mundial de la vida. Somos expertos en política.

Nosotros no entendemos por qué los demás no nos entienden, cuando nuestras ideas son tan sencillas y no acaban de entendernos.

¡Feliz cumpleaños Campoalegre! ¡Hasta pronto!