Opinión De Mario Benedicto Parra:  Ser médico


Opinión De Mario Benedicto Parra:  Ser médico – Se ha vuelto habitual pensar que los médicos ya no son lo que antes eran, y que han ido perdiendo reconocimiento y reputación: los pacientes no los respetan igual; son ultrajados y agredidos físicamente; reciben amenazas de muerte; se producen cada vez más demandas por responsabilidad médica; las condiciones laborales van en detrimento cada día: ejercen funciones misionales sin contratos laborales, predomina el contrato de prestación de servicios, sometidos a la tercerización laboral, no gozan de vacaciones remuneradas ni prestaciones sociales, tienen baja remuneración, salvo contadas excepciones, pago inoportuno de sus salarios u honorarios; no les brindan las condiciones necesarias para ejercer su labor; la ley 100 de 1993, prácticamente, acabó con los consultorios particulares y los convirtió en esclavos titulados de un sistema de salud que transformó a los pacientes en clientes de tercera categoría; los grandes empresarios de la salud se enriquecen y el personal médico se empobrece; ente otros.

En general, pareciera ser que el futuro de los médicos y demás profesionales de la salud no avizora nada bien. Sin embargo, los datos no confirman esta visión catastrófica. Prácticamente todas las encuestas, tanto a nivel nacional como internacional, los sitúan como la profesión más valorada y con mayor prestigio social; y no olvidemos que, además, se trata de una profesión con escasa desocupación laboral. Prácticamente el 70% de los titulados en medicina, encuentran trabajo -mal remunerado, pero encuentran-, situando a la medicina por encima de las ingenierías con más salidas laborales.

Ante la pregunta sobre carreras que desean estudiar los bachilleres, la medicina puntea, es la de mayor aceptación. Tras la medicina, siguen las ingenierías. Estos datos se repiten en casi todas las encuestas, tanto en Colombia como en otros países.

Pero, ¿se sienten a gusto todos los médicos? Se transmite que los médicos, si son especialistas, se sienten más a gusto con su profesión, más que los médicos generales a pesar de que son el soporte de nuestro sistema de salud y de tener la difícil tarea de valorar globalmente al enfermo. A pesar de ello, los que trabajan en sanidad saben que todos son igualmente importantes: el geriatra, el pediatra, el neurólogo, el cardiólogo intervencionista, el anestesiólogo, el internista, el cirujano pediátrico y ahora, con mayor razón los epidemiólogos. Sin embargo, social y profesionalmente, el médico general adolece de mejor consideración.

En las últimas décadas nuestro sistema de salud se ha puesto en cuestión, especialmente por su elevada demanda asistencial, la cual ha crecido exponencialmente, con unos recursos que siempre son limitados. Sin embargo, parece que la figura del médico se mantiene al margen de las críticas y quejas sobre el sistema de salud pública. ¡Hasta pronto!

 

 

 

 

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