Opinión De Mario Benedicto Parra: Soberbios


Opinión De Mario Benedicto Parra: Soberbios – Si por algo el ciudadano todavía confía en los políticos es porque los ve capaces de desarrollar su gestión con humildad, no quiere verlos encasillados en posiciones rígidas, por más que pueda llegar a compartirlas y es un error considerar que, cuanto más reacio se muestre el político a la rectificación o al pacto, más debilitado vaya a quedar su gobierno. Basta con ver la manera como reaccionaron Duque y el partido de gobierno ante el informe de recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos con ocasión de las protestas sociales que ha vivido el país durante más de dos meses, en el que es notoria la soberbia, la arrogancia.

La visión filosófica y la tradición literaria han presentado el veto moral de la soberbia: “la soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió”, escribe el escritor español Francisco de Quevedo. Séneca dice que es tal la fuerza de la soberbia sobre quien la ejerce que no solo lo aísla, sino que lo condena a la ceguera. Los soberbios son insolentes, impedidos para la autocrítica y abyectos en la adversidad, privados de cintura para la negociación, sin recursos para encontrar soluciones nuevas a los problemas porque anteponen el triunfo de su ego no solo al bien general sino a la defensa de su propia causa.

Inicialmente, el Gobierno cometió la estupidez de negarse a recibir la visita de la CIDH con la excusa infantil de que primero había que terminar las investigaciones por excesos policiales y como era de esperarse, el Gobierno en tono arrogante y sin sustento alguno cuestiona el informe por supuestos sesgos ideológicos y lo califica como un insulto para los colombianos.

El soberbio mira por encima del hombro, humilla. La soberbia es posible que tenga una base defensiva, lo que explicaría la resistencia del engreído a no ceder parte o no admitir los argumentos del contrario o incluso los de su afinidad política o ideológica.

El soberbio no analiza la realidad, no reconoce que las protestas nacen de un inmenso descontento producido por la inequidad social, la pobreza, la exclusión, la falta de educación y trabajo. La soberbia no deja ver las realidades del país como, por ejemplo, los asesinatos de líderes sociales y firmantes de los acuerdos que a diario suceden, las desapariciones, la impunidad, la corrupción, la pobreza, la inequidad, la injusticia social.

Los soberbios no entienden que se trata de simples recomendaciones y no de órdenes imperativas que piden sancionar todas las violencias ocurridas vengan de donde vengan -agentes estatales y civiles-, pero respetándoles el debido proceso.

Los soberbios, rechazan el régimen autoritario de Venezuela, pero cuando ellos no reconocen que en Colombia se han presentado graves violaciones contra los derechos humanos en el marco del paro nacional, sacan a flote su hipocresía enviando mensajes achacándole los hechos a la conspiración castrochavista, petrista, santista e izquierdista.

La soberbia puede más que la inteligencia y la razón, por eso Jesucristo la condenan sin atenuación. Recordemos que la soberbia es considerada por el cristianismo el principal de los pecados capitales. ¡Hasta pronto!

 

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