Opinión De Mario Benedicto Parra: ¿Somos malagradecidos?


Opinión De Mario Benedicto Parra: ¿Somos malagradecidos? Dos mujeres están sentadas esperando el llamado para ser atendidas por el médico. Una de ellas tiene en sus brazos a un niño recién nacido que llora desesperadamente. La otra está sola a su lado, parece tranquila a pesar de los berridos del bebé. La madre piensa: ¡Si tuviera la libertad que tiene esta mujer! La mujer sola, piensa: ¡Si pudiera tener un hijo como el que tiene esta mujer!

Muchas personas creen que su felicidad está en tener lo que se desea o en las cosas materiales de las que carecen. Nos lamentamos de las adversidades y desgracias que paradójicamente van unidos a situaciones de verdadero privilegio. Daré algunos ejemplos en los que muchas personas podrán identificarse:

– Les molesta madrugar a trabajar o a estudiar y no piensan en la alegría de despertar vivos.

– Se lamentan del dolor de rodilla, pero no tienen en cuenta que tienen dos piernas que les permite andar y correr.

– Maldicen estar pasados de kilos, pero no tiene en cuenta que han tenido suficiente para comer.

– Se entristecen porque las ropas están muy usadas, pero no tienen en cuenta el hecho de que tienen con que vestirse.

– Se quejan por haber votado por un político, pero olvidan que viven en una democracia que les permite equivocarse y corregir para no volver a botar el voto.

– Se disgustan por no encontrar parqueadero, pero olvidan que tienen el privilegio de tener un auto.

– Les fastidia tener que asear la casa y olvidan el privilegio de tener una vivienda.

– Les incomoda tener demasiado trabajo, pero no tienen en cuenta el privilegio de contar con un contrato laboral estable.

¿Por qué le ponemos condiciones a la felicidad en las cosas que nos faltan? ¿Cómo es posible estar amargados cuando se tiene salud, cuando vivimos bajo techo, cuando tenemos trabajo?

Hay quienes piensan que serán felices cuando tengan lo que anhelan, aplazando esos momentos de felicidad: seré feliz el día que tenga casa, carro y beca; seré feliz cuando tenga trabajo, cuando tenga novia o novio, cuando me case y tenga un hijo, cuando mi hijo sea profesional. Lo cierto es que no debemos sujetar nuestras vidas y la felicidad de aquello que no tenemos porque dejamos de sacarle provecho de lo que tenemos, de sus cosas buenas y bellas. ¿Por qué no disfrutar de aquello que tenemos? ¿Por qué no pensar en aquellas situaciones, personas y momentos que nos hacen felices? ¿Por qué no vivir y disfrutar esas esperanzas ahora? Entre todas, la más bella que es la vida, la alegría de seguir viviendo.

Cuántas personas no ansían tener un empleo, cuántas no buscan tener una vivienda y, sobre todo, cuántas personas no anhelan tener salud para trabajar y vivir dignamente.

La felicidad no está la consecución de bienes. No está cuando tenga casa propia, cuando compre un carro nuevo o cuando tenga en la cuenta varios millones. ¡Hasta pronto!

 

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