Opinión De Mario Parra “La hipocresía y la mentira en el discurso de Hernán Prada contra el “Chato”” – Adornada por su inmensa hipocresía, sustentada en la mentira y huérfana de argumentos rigurosos, Álvaro Hernán Prada, hizo unas afirmaciones la semana pasada en las discusiones sobre la implementación de los acuerdos de paz en contra de Víctor Ramón Vargas Salazar, conocido en Campoalegre como el “Chato” desde que era niño; aseveraciones que después fueron publicadas en el diario La Nación con la réplica del caso por parte del calumniado.
Prada, presenta al Chato como “supuesto testaferro de Iván Márquez”, arrojando sobre él el tufillo de la especulación, tan común en la demagogia de la ultraderecha. Analicemos esta perversa afirmación; es decir, el del “moralista” que se atreve a enjuiciar la conducta de los demás a base de “suposiciones”.
Como lo dice el propio Prada, se trata de un “supuesto”, lo que traduce una “supuesta” falsedad de los hechos en los que fundamenta sus desatinados comentarios. Es evidente que existe cierta ligereza y como efecto, lanza una afirmación irresponsable que pone en peligro la vida de su destinatario al punto que este lo responsabiliza por lo que le pueda suceder a él y a su familia. Aquí cabe preguntar: ¿Qué pruebas tiene Prada para señalar de testaferro al Chato? Ninguna, porque la suposición no se puede probar, la especulación tampoco y el chisme, menos.
Cabe señalar que a Prada no se le conoce ninguna labor legislativa de importancia que a manera de ejemplo favorezca al pueblo, a la clase media, a los campesinos, a los pobres o en temas vitales como la salud, la educación, la movilidad o el empleo, es decir, es un congresista del montón, pero que le encanta hablar de los demás basado en “suposiciones” y más, cuando no comparten su macabra ideología de guerra, sangre, odio y venganza.
Habla sin saber si es verdad o no lo que dicen, solo lo hace con el fin de dañar la reputación o el buen nombre de los demás. Hay que hacerle entender a esos mal llamados padres de la patria que reciben 30 millones de pesos cada mes, que si no piensan decir la verdad, decir algo verídico y sustentado en pruebas, mejor que se queden callados así tengamos que soportar la superficialidad y la mediocridad.
Pradra, basa su acusación contra el Chato bajo otro endeble sustento: los archivos judiciales y las versiones de prensa. En Colombia nadie es condenado por lo que esté plasmado en los archivos judiciales o en las versiones de prensa, radio, televisión o redes sociales, sino en virtud de una sentencia judicial debidamente ejecutoriada, previo las garantías de respeto a los derechos fundamentales y el debido proceso. De modo que es reprochable que Prada tenga como fuente de sus malévolas afirmaciones las resultas del debate probatorio y la opinión e información periodística que surgió para la época de los hechos. Las noticias que aparecen en los medios de comunicación no tienen valor probatorio por sí solas, requieren ser probadas.
Fue de conocimiento público que el Chato, después de soportar un proceso penal en su contra, pudo demostrar su inocencia y de ello da fe la actuación surtida en la Corte Suprema de Justicia que tomó la decisión de archivar la investigación que en su contra cursaba.
Como vemos, en reemplazo de razones que apoyen sus afirmaciones, Prada, apela a la especulación y el testaferrato que le atribuye al Chato queda como un rumor difundido mal intencionadamente, así como se difunden informaciones falsas, tarea que se le facilita a los del Centro Democrático que se valen de sus métodos engañosos ya conocidos por todos los colombianos y, como es de esperarse, trata de utilizar la demagogia y el discurso irracional para conmover, estimular bajas pasiones y “emberracar” a los Algecireños y Caqueteños para que le nieguen el voto al Chato.
Todo esto evidencia que la política en Colombia se volvió una actividad de ordinariez y de ordinarios, vacía de ideas y propuestas; sólo la utilizan como medio para insultar y descalificar al contrario. Se ha perdido la grandeza de la actividad política, de esa política con altura y estilo, de la política con calidad y decencia, la política humanista y visionaria, la de aquellos notables juristas, letrados y demás profesionales que establecieron una Colombia grande; de aquellos hombres como Rafael Uribe Uribe, Alberto Lleras Camargo, Gilberto Alzate Avendaño, Alfonso López Pumarejo, Alfonso López Michelsen, Dario Echandía, Álvaro Gómez, entre otros.
Ahora lo que predomina es el político cizañero, el infantil, el camorrero, el trinero, el que miente y mete miedo, el que polariza, el populista, el que amenaza, el que asusta, el destructivo, el que odia, el que manipula, el histérico que considera una “osadía” que lo fotografíen, el que matonea y grita, el que utiliza improperios desafortunados para calificar al contradictor, el que difunde bulos con apariencia de verdad, el maniobrero que dilata los debates y desbarata el quórum, el incoherente, el bravucón cantinflesco, el que inventa noticias y desinformaciones, el que trata de criminalizar a quien fue absuelto por el máximo órgano de la jurisdicción ordinaria, el que desprestigia, el que sirve de megáfono de su patrón y le carga la maleta, el que difunde declaraciones incendiarias, el poseído por el odio de la venganza, el que difunde rumores sin confirmar, el que utiliza el foro para atacar, el que muestra su bajeza y la incapacidad de argumentación , el que hace ruido y tuerce la realidad, el que multiplica falaces argumentos recalcitrantes, el que se comporta como estúpido y profetiza, con su trillado discursito, que Colombia va a quedar como Venezuela.
Prada debería seguir el ejemplo de Falcao que ante un duro comentario por las redes sociales, respondió: “Ya es momento que la gente piense lo que escribe. Ya es hora de parar tanta violencia y odio en las redes sociales. Maduremos”. Así Prada, purgará su conciencia y para de raíz las “suposiciones” que tanto predica.
Que conste que Prada dijo que el Chato andaba con un maletín haciendo reuniones políticas en el Huila y Caquetá. Esta es la única verdad que dijo, pero al menos el Chato carga su propia maleta ejerciendo libremente la democracia y no la de otro, la de su “mesías criollo”, como suele suceder a Prada.
Doy por terminada esta polémica epistolar, pero cuando cada mañana se miren al espejo, no olviden darle gracias Dios de no estar envueltos en “suposiciones” y “especulaciones” y más si provienen de un politiquero con ínfulas de prepotente con derechos presuntamente morales y cierto complejo de superioridad. ¡Hasta pronto!