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Opinión De Mario Benedicto Parra:  Amordazar la palabra

Opinión De Mario Benedicto Parra:  Amordazar la palabra  En Colombia, la libertad de prensa y de expresión está garantizada de forma fundamental por el artículo 20 de Constitución Política. Refiere a la libertad de expresión y opinión, al derecho de informar y recibir información, al derecho de creación de medios, a la prohibición de censura: La norma establece de manera tajante que no habrá censura y ninguna autoridad puede obstruir el ejercicio periodístico.

Hay sistemas que aseguran la libertad y hay sistemas que la conculcan, pero en las sociedades abiertas, es decir, en los regímenes políticos donde la libertad es un bien jurídico y cultural apreciable, hay que situarla como una relación sujeta a relaciones de fuerza entre la supremacía y la resistencia al poder.

La libertad de prensa es uno de los atributos esenciales de una sociedad abierta, al punto que no es posible pensar una república democrática sin esta garantía. En Colombia este bien está formalmente tutelado, pero en el último mes desde el poder se ha ido afianzando una tendencia orientada a criticar algunos periodistas y medios de comunicación. Es así como este gobierno ordenó suspender la programación informativa y de opinión de 20 Emisoras de Paz y del sistema de medios públicos y censurar a las periodistas Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo de Blu Radio, quienes paradójicamente criticaban fuertemente a Petro, pero nunca pensaron que De la Espriella al considerar incómodos sus comentarios, pidiera cerrar el programa dirigido por ellas. Recordemos que en el gobierno de Álvaro Uribe se cerraron Inravisión y la revista Cambio y no propiamente por problemas financieros.

Estos choques se justifican en nombre del derecho de los gobernantes a ejercer la crítica, un argumento aparentemente impecable, pero que olvida los roles del poder. Mahatma Ghandi decía que la violencia siempre se inicia con las palabras. Un lenguaje agresivo, peyorativo, descalificador, no tiene por qué traducirse de inmediato en acciones de violencia. Pero hay que convenir que, de manera invisible, va preparando el terreno para futuras acciones de violencia.

Como se sabe, en todas partes las relaciones entre los periodistas y el poder están selladas por tensiones, pero en las democracias serias los mandatarios se mantienen prescindentes, precisamente, porque el ejercicio del periodismo constituye uno de los más importantes contrapesos al poder político.

Gustavo Petro, fue un presidente controvertido, soportó y aún después de dejar el cargo, sigue soportando todo tipo de críticas, desde conceptuales a las más vulgares, pero no se conoce que haya intentado cerrar algún medio de comunicación.  En las culturas democráticas los hombres del poder saben contenerse, un requisito moral indispensable para asegurar una cultura republicana y el respeto de libertad como concepto político y su relación con el poder.

Coda 1: Las temperaturas extremas, la alteración del sistema climático, el calentamiento global, los incendios, los terremotos, las inundaciones, que hemos presenciado y padecido en los últimos meses, quizás estén planteándonos una pregunta elemental: ¿qué estamos haciendo por el planeta? Si no cuidamos de él, seguramente nos va a seguir pasando factura.

Coda 2: Está bien que el presidente quiera combatir los grupos delincuenciales al margen de la ley, pero no tiene razón de ser la exhibición que hizo al caminar en medio de bolsas blancas en donde había cadáveres de los combatidos. La pregunta es: ¿De qué sirve ese tipo de espectáculos, si hace décadas el Estado colombiano ha dado de baja a centenares de guerrilleros, paramilitares y delincuentes comunes? ¿De qué sirve ese show, si cada vez que dan de baja a un jefe guerrillero o paramilitar, le tienen sucesor? No son necesarios los exhibicionismos, se deba actuar con prudencia y lejos de la banalidad.

¡Hasta pronto!

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