PERIODISTAS DE SAN ANDRESITO

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Entre los periodistas empíricos -calificativo que algunos suelen aplicar en forma peyorativa- hay unos pésimos y otros extraordinarios, pero en cambio entre los que egresan de las universidades que proliferan en la actualidad, hay unos extraordinarios y otros pésimos.

Seis meses de práctica en algún medio de comunicación, sea este radial, escrito o televisivo bajo la égida de un profesional experimentado, a veces resultan más nutritivos que diez semestres repletos de teorías que no ayudan, para nada, a manejar con destreza la máquina de escribir o el computador, y ni se diga la técnica de la redacción.

Con mayor razón ahora que el honroso y comprometedor título de periodista es expedido por cualquier Sanandresito, representado en una pequeña grabadora de última tecnología al alcance de cualquier audaz iletrado sin puesto o político caído en desgracia, quienes de la noche a la mañana resolvieron “dedicarse al periodismo”.

Esto sucede gracias a la magnánima pero desafortunada decisión del exmagistrado de la corte constitucional, Carlos Gaviria Díaz, quien seguramente movido por la mejor intención se encargó de “perratear” el oficio otorgándole patente de corso a quienes hoy lo envilecen y degradan.

Valen las observaciones anteriores para comunicar que entró en circulación en las últimas horas, para beneficio de todos los periodistas –los pésimos y los extraordinarios – el libro “Una apuesta por el periodismo”, cuyo autor Antonio Pardo García es uno de los máximos exponentes de este que Albert Camus definió como el oficio más bello del mundo.

Texto en buena hora escrito por quien a lo largo de sesenta y dos años de pulcro y brillante ejercicio ha alcanzado un sitial altísimo en la historia del mejor periodismo colombiano, dentro del cual ha conseguido, con todos los merecimientos posibles, el preeminente título de maestro de maestros.

Libro que hay que leer, releer y tener siempre a la mano como volumen de consulta obligada, para nutrir la mente y el espíritu, saborear sus sencillas pero fundamentales enseñanzas y aprender de las experiencias vividas y allí plasmadas por este hombre que hizo del oficio un abnegado ministerio y una cátedra de formación.

Del copioso y enriquecedor anecdotario incluido en “Una apuesta por el periodismo”, hay episodios dignos de reseñar, como este que tuvo de protagonista a otro gran exponente del oficio, Humberto de Castro, quien respondió así cuando Pardo García le preguntó cuál era principio más importante que rige o debe regir a un periodista: “la honestidad.

La honestidad distingue y envuelve de gran valor a la persona y a su trabajo. En el periodismo es trascendental. El periodista honesto no inventa. No manipula ni vende la información. No interrumpe la intimidad de las personas. Comprueba la información y respeta las fuentes.

Es independiente y neutral en actividades como la política. La honestidad es clave. Pues ahí los teóricos le están poniendo corbatín (hacerlo más importante) con un nuevo discurso. Es decir, le quieren subir de piso y hablan de ética. Pero la honestidad es la honestidad. Así de sencillo. La que hace muy grande al periodista y a cualquier persona”.

Es el más afortunado compendio de como tiene que actuar el periodista, sobre todo cuando indica que debe ser “independiente y neutral en actividades como la política”, fuente a la cual muchos se dedican ahora en cuerpo, alma y estómago, con pose de “polítologos” de nuevo cuño, consagrados más a crear y preservar imágenes falsas que a servir lealmente a la comunidad.

Leer, releer, memorizar y practicar las enseñanzas elementales pero profundas consignadas por Antonio Pardo García, forma más que mucha de la teoría que se absorbe en las aulas. Por eso decimos que este texto es un libro facultad.

Por: Rodrigo Pareja