EL CAMPO SE ARRUINA – Opinion De Mario Parra: Es preocupante ver la triste realidad del campo colombiano, sin que nadie haga nada por remediar esta situación. Los costos de produción son cada vez más altos -basta preguntarle a los cultivadores de arroz en Campoalegre-Huila-, mientras que los precios de venta en origen están practicamente estancados y en ocasiones ni siquiera cubren esos costos de producción, los grandes distribuidores siguen vendiendo el producto a niveles altos.
El Gobierno no ha hecho nada importante para paliar la grave situación del campo. Por si esto fuera poco, el Ministro de Agricultura, no ha sido capaz de atender debidamente los reclamos de los agricultores. Hace poco el concejal de Campoalegre, Víctor Julio Vargas Castro, formuló una petición en busca de soluciones a los altos costos de los insumos empleados en el cultivo del arroz, pero la respueta del ministro comprueba una vez más la ineptitud y la ineficacia de los entes gubernamentales del sector agropecuario y agroindustrial sobre este asunto.
El campo se muere, la vida rural no le interesa a nadie, la población campesina emigra a las ciudades, los jóvenes de los pueblos estudian carreras universitarias que no tengan que ver con las faenas agrícolas y ganaderas, por ser actividades poco o nada rentables.
Habrá que potenciar y hacer más atrayentes a los jóvenes las carreras profesionales para trabajar en el sector primario de la economía; facilitar a los emprendedores agrarios créditos con condiciones ventajosas para montar empresas viables y vigilar y controlar los abusos de los intermediarios y distribuidores.
La agricultura no puede quedar reducida a un parque temático o a una reserva, tal como podría suceder en Campoalegre con el cultivo del arroz, pues al paso que vamos irá a quedar solamente de “muestra cultural” y de “exposición” en el parque temático de la Hacienda Potosí, para que las nuevas generaciones se enteren que alguna vez Campoalegre fue un gran productor del cereal y por eso se le llamó la “Capital Arrocera del Departamento”. Quedarán solamente la historia y los recuerdos para contarlos.
No dejemos morir el campo. El país olvidó por décadas la ruralidad, los agricultores y campesinos pasaron a ser ciudadanos de segunda clase. Si Colombia realmente quiere la paz, debe poner su mirada a la “deuda social” que tiene con el Campo o seguiremos igual o peor.
Hoy tenemos tres ilustres huilenses al frente de entidades del orden nacional en el sector agropecuario: La Agencia para el Desarrollo Rural, el Banco Agrario de Colombia y Finagro. Los campoalegrunos creemos en el compromiso de nuestros paisanos y esperamos que puedan actuar decididamente para apoyar el sector agropecuario; hay que tener en cuenta que Colombia es un país con vocación agropecuaria y el desarrollo rural es primordial para que el campo tenga paso a precios justos, insumos a bajo costo, revaluación del tema del uso obligatorio de semillas certificadas, etc; asunto este último que ahora se ha traslado a los cultivadores de maiz.
Que ondulen al sol y al viento los arrozales y los maizales, que florezcan y den sus frutos los árboles frutales, que se planten y cuiden las huertas, porque si el campo muere, con él, moriremos todos, pues el campo, los agricultores y los campesinos, son los que nos dan de comer y beber. ¡Hasta pronto!