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Opinión: Bienaventurados Los Que Buscan La Paz. Por: Mario Parra

 

Opinión: Bienaventurados Los Que Buscan La Paz. Por: Mario Parra – A través de la historia, diversos pensadores y filósofos se han referido en distintas épocas a la guerra: Para Paul Valéry, “La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que sí se conocen pero que no se masacran”; para Johnson, “La primera víctima de la guerra es la verdad”; para Friedrich Nietzsche, “La guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido”; para Voltaire, “Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invocar solamente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo”; para Jean Paul Sartre, “Cuando los ricos hacen la guerra, son los pobres los que mueren”.

También, muchos personajes se han referido a la paz: Para Fernando Savater, “La paz equivale a la vida en libertad y sin temor de sufrir persecución o violencia por las propias ideas o forma de vida, siempre que se atengan a la legalidad”; Gustavo Marín Garzo, “La paz es no ver en el otro un rival sino un espejo donde mirarse”; para Benjamin Franklin, “O caminamos todos juntos hacia la paz, o nunca la encontraremos”; para Helen Keller, “No quiero la paz que sobrepasa todo entendimiento, quiero la comprensión que trae la paz”; para Moshe Dayan, “Si quieres la paz, no hablas con tus amigos. Hablas con tus enemigos”.

Todas las actividades de la especie humana están rodeadas por el conflicto y la guerra porque mientras existan intereses habrá el uso de la fuerza a través del conflicto y la guerra, por eso, es importante decir que la paz no existe ni ha existido. Sin embargo, se considera que el esfuerzo del hombre por buscar la paz, lo enaltece y lo hace acreedor al más alto reconocimiento social.

Como demócrata, como colombiano y como hombre de paz no puedo sino expresar mi más profunda satisfacción por el anuncio de la Corte Constitucional de aprobar el plebiscito como mecanismo de refrendación de los acuerdos de la Habana entre el Estado Colombiano y las Farc para poner fin al conflicto armado.

Vendrá una vida mejor para los colombianos donde lucharemos para la realización del bien común; defenderemos y promoveremos el respeto de la vida humana en su integridad. La esperanza es una Colombia mejor, por eso me declaro a favor del “Sí”. Votaré por el “Sí” (tildado) porque la paz no tiene color político, no tiene partido político, no es propiedad de Santos ni de las Farc, la paz es un mandato de Dios (Hebreos 12:14; Juan 14:27; Mateo 5:9). Ahora, si se es ateo, de todas formas la paz es un derecho y un deber de todos los colombianos según mandan los artículos 22 y 95 de nuestra Constitución Política.

Debe quedar claro, que el plebiscito no es para aprobar o desaprobar el gobierno de Santos, se trata de un mecanismo de participación ciudadana mediante el cual nos pronunciaremos si queremos la paz o si queremos que continúe esta guerra absurda.

En adelante, la tarea que tenemos todos los colombianos es luchar contra la corrupción, el peor mal de Colombia -peor que todas las guerrillas juntas-, para alcanzar el desarrollo y procurar por la equidad social. Es preciso fortalecer la justicia para que recobre su credibilidad y se mantenga a la altura de un Estado Social de Derecho. Igualmente, es necesario que los 30 billones de pesos que anualmente invierte el país en la guerra, sean invertidos en la salud y la educación de los colombianos. Colombia necesita la paz para dejar de invertir en la guerra que sólo busca que se maten nuestros hijos.

Es hora de que se abran los espacios necesarios de información, participación y se realicen campañas pedagógicas sobre los acuerdos de paz con el fin de facilitar la participación consciente por el “Sí” a los acuerdos de paz.  Es necesario, entonces, entender que votar por el “Sí” es le camino para buscar la paz, es el camino para construir la paz, es rechazar la guerra y es ondear la bandera de la paz y no la bandera negra de la oposición.

Me despido con esta reflexión: En la paz, los hijos entierran a los padres. En la guerra, los padres entierran a los hijos. Frase tomada de la Revista Jurídica “Diálogos de Saberes” No. 32 de la Facultad de Derecho de la Universidad Libre. ¡Hasta pronto!

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