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OPINION: DIOS NO HACE ACEPCIÓN DE PERSONAS POR: MARIO PARRA

 

OPINION: DIOS NO HACE ACEPCIÓN DE PERSONAS POR: MARIO PARRA – Escribo estos comentarios con el más profundo respeto y sin pretender adentrarme en asuntos teológicos, dado que no soy experto en el tema. Lo hago, motivado por la ligereza y el airado manejo que se le ha dado en estos días al tema de la discriminación sexual, el cual ha sido tratado de manera insulsa e insultante.

De acuerdo con los libros de Gálatas, capítulo 2, versículo 6; Hechos 10:34 y Romanos 2:11, “Dios no hace acepción de personas”. Éste mandamiento en toda la historia de la humanidad, ha sido manoseado y violado por los propios líderes religiosos y por los “cristianos de dientes para fuera”, que sólo predican pero no practican ni aplican.

De acuerdo a la Real Academia Española, la acepción de personas es: “Acción de favorecer o inclinarse a unas personas más que a otras, por algún motivo particular y sin atender al mérito o a la razón”. A manera de ejemplos, la acepción de personas es darle mejor trato al rico que al pobre, tratar mejor a un hombre que a una mujer, tratar mejor a un heterosexual que a un homosexual, etc.

Es claro que Dios no hace acepción de personas y las escrituras nos manda a que tampoco nosotros lo hagamos. ¿Quiénes somos nosotros para estar haciendo acepción de personas y dando un mejor trato a unos que a otros?

¿En qué nos estaremos transformando los colombianos que de todo se calumnia y se crean historias llenas de falsedades? El caso es que ya no sabe uno a quien creerle, porque no es lógico que las  personas que salieron a marchar en contra de la ministra Parody, en contra de una supuesta ideología de género, sólo ventilen odio, homofobia, discriminación y quieran imponer una sola visión, “comen santos y evacuan diablos”.

Las redes sociales están saturadas de versiones falsas; todo se traslada a las redes sociales y mucha gente cree a ciegas lo que lee en internet. En muchas ocasiones la información que leemos no es cierta o tiene intenciones obscuras y disfrazadas que lo único que buscan es causar daño, dañar reputaciones, dañar la imagen de los demás sin pruebas y con tergiversación de los hechos.

Es un hecho cotidiano escuchar a personas que, cuando se les pregunta por el proceso de paz, el plebiscito, los acuerdos de la Habana y últimamente por  los manuales de convivencia o las inexistentes cartillas, sostienen argumentos simples como: “no los he leído pero he escuchado”.

La gente sale a marchar contagiada por lo que otros digan, no se toman la elemental tarea de leer; la lectura casi ha desparecido y es por eso que los políticos oportunistas aprovechan esta debilidad e ignorancia para que la gente haga juicios apresurados, como el que injustamente le hicieron a la ministra Parody, sólo por ser lesbiana y pertenecer a este gobierno.

Entiéndase que lo que busca el Ministerio de Educación con los manuales de convivencia es que los niños aprendan a relacionarse y respetar a quienes tienen una orientación sexual distinta; que los colegios y las escuelas sean espacios donde nadie sea discriminado; que los alumnos que expresan una orientación sexual o una identidad de género diferente de las que prevalecen no sean acosados, ni manoteados y que no vivan un calvario en el lugar donde estudian.

La invitación del Ministerio es atender este tema adecaudamente con el propósito de luchar contra el matoneo motivado por la orientación sexual, pero como vemos, vivimos en un país lleno de prejuicios, donde se cree que se “aprende a ser gay”, donde se cree que “leyendo unas pautas de convivencia escolar, los niños y los adolescentes se vuelven gays automáticamente”. ¿Reciben, hoy, nuestros niños y jóvenes, una educación que además de ser inclusiva, estimule los conocimientos reflexivos que respete la integridad e identidad humana y social? ¿Se comprenden sus realidades sociales, culturales y políticas?, o por el cotrario, esos “estigmas” que les ha impuesto esta sociedad los caracteriza y excluye de los colegios y las escuelas, ya por su forma de vestir, por su origen social, por su condición sexual, etc.

Es hora de que empecemos a erradicar de nuestros pensamientos los prejuicios sociales, pues tanta mentira, tanta comedia y ruindad en la gente común, no permirte avizorar una patria progresista y pacífica. Por desgracia, algunos creen que todo el que lleva un piercing es creatura del diablo; que todo el que tiene tatuajes es un degenerado, pandillero o ladrón; que todos los gays tienen Sida; que las mujeres que practican fútbol son “machos”; que los hombres que usan camisa rosada se pueden mariquear; que los huilenses son perezosos; que los costeños tienen mal gusto y no les gusta el trabajo; que los rolos son hipócritas y no se bañan; que los paisas son charlatanes y ventajosos; que los pastusos son brutos; que quien no profesa la religión católica, está engañado; que la mujer que toma la inciativa es “puta”; que a la mujer pereirana cuando le dicen siéntese se acuesta; que Colombia no está preparada para que la gobierne una mujer; que las mujeres son brutas para conducir; que la homosexualidad es una enfermedad mental; que los hombres no lloran, sólo lloran las nenas; que el izquierdista es guerrillero y el derechista es paraco; que el hombre es el macho, el vaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaarón y la mujer la sumisa; etc, mejor dicho, ¡sálvese quien pueda de esta humanidad sumergida a niveles medievales!

Esta es la verdadera radiografía de lo que es este país. Lo que está sucediento es de alta gravedad, máxime cuando se manipula el lenguaje como herramienta de adoctrinamiento.  Discriminar y peor aún violentar a otras personas por su forma de pensar, color, religión o sexo, es una enfermedad que se debe extinguir lo más pronto posible.  La homofobia no viene del cielo, viene de los gavilleros de oficio, de los políticos y religiososo carroñeros y de los “boleteadores” de las redes sociales que se han constituido para patentizar una sola visión. ¡Hasta pronto!

 

 

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