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Opinion

​FALTAN CINCO PA LAS DOCE: LA CARRERA MÁS ANGUSTIOSA 

En Campoalegre, como en todos los municipios del país, se escucha por las emisoras, el 31 de diciembre, la canción Faltan Cinco pa las Doce: “Las campanas de la iglesia están sonando/ anunciando que el año viejo se va/ la alegría del año nuevo viene ya/ los abrazos se confunden sin cesar. Faltan cinco pa las doce el año va a terminar/ me voy corriendo a mi casa a abrazar a mi mamá. Me perdonan que me vaya de la fiesta/ pero hay algo que jamás podré olvidar/una linda viejecita que me espera/ en las noches de una eterna navidad…”

Cuando faltan cinco minutos para las doce, muchos corren a abrazar a sus madres y a los seres queridos como lo narra la canción de Néstor Zavarce que durante más de 50 años nos ha acompañado para esta época de fin de año.

Se ha vuelto costumbre que faltando un minuto para las doce, las emisoras le ponen más emoción a la despedida del año y comienzan los locutores a contar los segundos de manera regresiva hasta que suena una estrenduosa sirena que a muchos pone a llorar, tal vez por los logros alcanzados o por las frustraciones que les deja el año viejo. Otros, por la soledad en que se encuentran o la tristeza que les embarga la muerte o la enfermedad de un ser querido.

Vienen los abrazos y los besos -muchos se desborban con los besos- y comienza la quemazón de los muñecos de año viejo en las esquinas de las calles o al frente de la casa. Dicen que el muñeco de año viejo preferido del exprocuador Ordoñez son los libros de García Márquez que quema en la plaza pública de Bucaramanga porque según él, contienen ideas que atentan contra la familia y además, tienen “encriptada” la ideología de género.

Simultáneamente viene la práctica de una de las tradiciones más arraigadas en la cultura colombiana que son los agûeros de fin de año: el huevo para los presagios, las 12 uvas para la felicidad, la papa pelada, las doce monedas, la ropa interior amarilla y al revés, las espigas de trigo, el amor soñado, las velas blancas, darle la vuelta a la manzana con una maleta para el viaje esperado, etc.

Pero después de todo esto, durante la reunión familiar no ha de faltar el plato frío o el tamal y para rematar se escuchan las notas de otra canción para recordar el año que acabamos de despedir, el Año Viejo: “Yo no olvido el año viejo/ porque me ha dejado cosas muy buenas/ ¡Mira! Me dejó una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra/ ¡Ay! me dejó cosas muy buenas, cosas muy bonitas”.

Lo cierto es que el año nuevo se avisora difícil en todos los sentidos; el gobierno no sabe o no puede ofrecer una salida a la ola de descontento en materia de salud, empleo, seguridad y justicia; las elites abusan del poder y sólo piensan en sus beneficios; se apuesta al miedo, a la mentira y a la manipulación para salir adelante; escándalo tras escándalo de corrupción; la selección Colombia nos mantendrá entre la frustación y la euforia; aparecerán los precanditados presidenciales para el 2018; seguiremos mirando las cifras de las encuestadoras con recelo y desconfianza; el inverno y el verano seguirán haciendo estragos; nos tenemos que aguantar la Reforma Tributaria; seguiremos aguantándonos a Santos, adulando a Uribe, al mediocre de Ordoñez y ahora a Trump; subirá la papa, la gasolina, los peajes, todo subirá; en mí todo subirá: los triglicéridos, el colesterol, el azúcar en la sangre, el ácido úrico, lo único que mantendré bajito, según el médico, será el coeficiente intelectual, pero así y todo seguiré escribiendo mis opiniones;  lamentablemente todos seguiremos corriendo no faltando cinco para las doce sino a cualquier hora del día para tratar de salir adelante.

A ustedes, estimados y pacientes lectores, les envío mis mejores deseos de felicidad en el año nuevo. ¡Feliz año! ¡Hasta pronto!

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