Opinión: Hacen Falta Políticos Por: Mario Parra – Toda mi vida he escuchado que todos los políticos son ladrones, mentirosos, corrompidos, engañadores, inmorales, que sobornan, que calumnian, que compran conciencias y denigran de los otros; se escucha que el politiquero corrupto sólo ve la oportunidad de tener un cargo público para enriquecerse, para sacar provecho particular.
Hoy en día, nadie cree en la “clase política”, a muchos les fastidian los procesos electorales por considerarlos sucios, basados en mentiras, engaños, perfiles falsos o calumnias, nadie cree que la política vuelva por las sendas del bien común y pocos creen en la honestidad o el altruismo de los políticos. La corrupción y la politiquería infectaron la verdadera política.
No hay semana en la que no sean dados a conocer actos de corrupción, escándalos personales, conflictos de interés, tráfico de influencias y acusaciones sin pruebas sólidas como las presentadas por el nuevo “vitrinero” Fiscal General de la Nación ante los medios de comunicación en el caso Odebrecht, que ha servido para alimentar la crítica destructiva de los carroñeros opositores.
Los políticos hablan de que esta situación va a cambiar, pero siempre estamos peor, por eso es que la gente dice que no hay partidos políticos serios, no hay ideas y no hay políticos. El hastío ante una clase dirigente corrupta, inepta y que prioriza sus intereses personales sobre los intereses de la comunidad es lo que ha aumentado el abstencionismo y el desinterés del elector.
¿Es posible que la política, tan criticada y desprestigiada, pueda reivindicarse y convertirse en una puerta de esperanza, de oportunidades y posibilidades para los ciudadanos? ¿Por qué no? ¿No es la política una de las bases que sostienen nuestra sociedad? Decía Aristóteles que “el hombre por naturaleza es un ser político” y con toda razón, porque pertenecemos a una comunidad y todos por naturaleza somos seres sociales, de manera que todas las acciones que tomemos nos afectan de manera directa e indirecta y de forma positiva o negativa, por eso la política no es ajena a ningún ser humano. Pero, ¿qué es realmente la política? Si leemos su significado en el diccionario se define como la actividad del conjunto de los ciudadanos que participa en los asuntos de un Estado para conseguir determinado fin.
Pero hoy resulta todo lo contrario, pues muchos personajes toman la política como algo que sirve sólo para satisfacer su beneficio personal y para perjudicar a la sociedad. Es que el fin de la política no es el poder –como algunos proclaman-, el fin de la política es el bienestar de la comunidad, es llevar a la colectividad hacia mejores estadios de desarrollo. Ello nos aproxima a esa célebre reflexión de Winston Churchill que dice: “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”.
Mucha gente piensa que para el ejercicio de la política sirve cualquiera, siempre y cuando obtenga el aval de un partido o movimiento político, prometa, mienta y engañe, pues lo importante es hacerse al poder. Pero no es cierto y la prueba de ello, es que la mayoría no tienen vocación de políticos, pero siguen pareciéndolo. La mayoría no habla de ideas y propuestas serias sino de negocios, propio de la politiquería que arrastrados por la tentación del poder y de enriquecerse de la noche a la mañana se vuelven políticos, pero “políticos desechables”.
Se acabaron los políticos con visión de Estado, con perspectivas amplias; se acabaron los políticos con ideas claras, más bien con ideales, que hablaban claro, decían lo que pensaban “pasara lo que pasara” como se le atribuye a grandes hombres: Aquileo Parra, José Hilario López, Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliecer Gaitán, Enrique Olaya Herrera, Manuel Murillo Toro, Alfonso López Pumarejo, Alberto Lleras Camargo, Carlos Llerras Restrepo, Álvaro Gómez Hurtado, Luis Carlos Galán Sarmiento, entre otros. Ahora los políticos andan con pequeñeses y pendientes de cálculos, de encuestas, del twitter, del facebook y del chisme.
Hoy no es lo mismo, nadie tiene respeto por la política y por quienes la ejercen. Además, la calidad de los políticos es mediocre, la escasez de ideas es notable y se disimula con parrandas, camisetas, sombreros, gorras, tamales y mercados que desacreditan a la política; hay bajo nivel intelectual, exigible a quienes aspiran al rol de conducir a la sociedad.
Hacen falta políticos, verdaderos políticos que luchen buscando el bienestar de su comunidad, velando por el bien común, con intenciones de ayudar a la comunidad, con clara vocación de servicio, sin ínfulas, ni afán de poder. De los verdaderos políticos depende que no se siga despotricando de la política ni se siga trapeando con todo ellos. ¡Hasta Pronto!