Opinión: ¿EXISTE EL CENTRO IDEOLÓGICO? Por: Mario Parra – “El Partido se llama Centro Democrático por circunstancias fortuitas puesto que políticamente es de todo, menos de centro, éste es un partido de derecha”… El primer desafío del Centro Democrático será el de volver trizas ese maldito papel que llaman el acuerdo con la Farc” Esas fueron las palabras de Fernando Londoño Hoyos, en la pasada convención del Centro Democrático.
Si bien es cierto que es necesario que un país tenga alternativas políticas para el bien de la democracia, no es menos cierto que estas deben ser claras y definidas para no dejar incertidumbre acerca de la naturaleza de un partido político, en este caso del Centro Democrático, que ni es de “Centro” ni es “Democrático”.
Cabe señalar que es un error el enfoque que se da a las alternativas políticas denominadas “Centro Democrático”, “Centro-Derecha” o “Centro-Izquierda”, porque el “centro político” no existe en Colombia ni en ninguna parte del mundo, dado que se trata de un “espacio neutro”, sin contenido programático y para que exista debe estar claramente presente la derecha o la izquierda, es decir, el centro político se asocia a la derecha o a la izquierda.
En política, los asuntos son de “sí o no”. Bajo esta premisa, cabe preguntar ¿cuál debería ser la posición del Centro Democrático, frente a los grandes temas de debate? Si tenemos en cuenta que hay una ideología que se inclina por el sí y otra por el no, ¿cuál es, entonces, la verdadera ideología y consecuencialmente, la decisión que debe tomar el CD, si no existe otra alternativa de decisión que el sí o el no?
Estos interrogantes tienen una explicación obvia, consistente en que el “centro político” tiene que decidirse por el sí o por el no, lo que explica la razón y la dificultad de ser “centrista”, porque o se es de izquierda o se es de derecha de acuerdo a nuestra posición ideológica.
Para ilustrar lo expuesto, basta mirar dos ejemplos: lo que sucedió la semana pasada frente al tema del referendo sobre adopción, donde la posición del CD no fue “centrista”, sino “derechista” con suficientes inclinaciones a “ultraderechista”, en razón a que dijo Sí al proyecto de ley del referendo que trataba de negar la posibilidad de adopción de personas solteras, viudas y parejas del mismo sexo. El otro ejemplo, refiere al renombrado tema del proceso de paz que como es sabido, el CD tomó partido por el No. En ambos casos, si existiera un “centro ideológico”, el CD hubiera servido como un mediador entre las partes que estuvieron por el sí y por el no, pero sabemos que no fue así, de ahí la inexistencia del centro político que no estuvo en el centro sino en uno de los extremos ideológicos.
Todo parece indicar que las supuestas ideologías de centro no son propias de un partido o movimiento político, sino de una sola persona con referentes doctrinarios retóricos que busca enganchar con un electorado necesariamente de derecha o de izquierda y lo que queda es un partido político de membrete, de nombre solamente, puesto que ideológicamente gira hacia la derecha o gira hacia la izquierda o gira en ambos sentidos, situación que no ayuda a construir una base ideológica que se identifique plenamente con la necesidades ciudadanas y la orienten hacia tesis verdaderamente reformistas y de cambio.
Es indudable que el CD no es de Centro, es todo menos de centro y así acertadamente y con toda razón lo afirmó Londoño Hoyos, pero tampoco es Democrático porque gira en torno a las decisiones egocentristas de su líder y a la idolatría que se le profesa por parte de muchos incautos.
Una cosa es ser democrático y otra aparentar ser democrático. No se puede ser democrático cuando un individuo y su grupo político le dicen No a la paz, a la restitución de tierras arrebatadas a los campesinos pobres y desplazados por los grupos paramilitares y guerrilleros – y ahora según la Contraloría General, por expresidentes, políticos y empresarios-, a la igualdad, a la dignidad de las personas, a la adopción igualitaria –con preceptos morales hipócritas y religiosos-, etc. Se aparenta ser democrático cuando le dicen Sí a la guerra, al gatillo, al belicismo, a la polarización, al fanatismo político y religioso, al odio, la desigualdad, la mentira, la discriminación, la homofobia, etc. Entonces, llamemos las cosas por su nombre, pero no sigan volviendo trizas la democracia con la existencia de un “PARTIDO RARO” cuyo fundador e integrantes le mienten a sus seguidores y al pueblo en general, en cuanto a su naturaleza ideológica, pues lo que dejan en claro es que se trata un partido de “ultraderecha”, pues de todo tiene menos de centro; partido raro, cuya estrategia orienta a la guerra, al odio y la mentira. ¡Hasta pronto!