Opinión: Muchos No Entienden Los Reclamos Del Magisterio Por: Mario Parra – “La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo” (Paulo Freire). “La educación tiene por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del resto de los derechos humanos y libertades” (Artículo 26 de la Declaración de los Derechos Humanos). “La educación es un derecho de la persona y un servicio público que tiene una función social…” “…La educación formará al colombiano en el respeto a los derechos humanos, a la paz y la democracia…” (Artículo 67 de la Constitución Política). ¿De qué servirá tanta declaración que asegura un mundo mejor, si nadie hace algo? Que lejos de la filosofía y de la idealización está la educación, la cual está llena de pobrezas, miserias, injusticias, marginaciones, desigualdades, que para nada concuerdan con los derechos contenidos en los postulados aquí mencionados. Es cuando uno se da cuenta de que el derecho a la educación y los derechos y la dignidad de los maestros están lejos de ser logrados completamente.
Ese niño que nace en la más absoluta pobreza del subdesarrollo, sin estudiar, no saldrá nunca de allí y no podrá aspirar a un futuro distinto; ese niño que nace en la guerra, en la violencia, si nadie se lo desvirtúa, lo verá como algo natural, normal y hasta necesario. Esta situación favorece la continuidad de la pobreza y la marginación social. Para solucionar problemas como este, hace falta una labor de concienciación y esa labor, así como otras íntimamente relacionadas con la educación, precisamente, la están desarrollando los maestros con el paro actual, pues han tomado una posición férrea para defender la educación pública en muchos aspectos hoy deplorables.
Es fácil dar palo a los docentes. No son respetados por el Presidente Santos ni por la Ministra de Educación; no son respetados por las autoridades policivas; no son respetados por muchos padres de familia y a veces ni por los alumnos.
No son incentivados económicamente para que se formen bien, les pagan poco ante un trabajo difícil y de mucha responsabilidad en comparación con otras profesiones, no cuentan con una buena atención en salud, tienen muchos estudiantes a su cargo, laboran en precarias infraestructuras y a veces en colegios o escuelas que amenazan ruina o están destruidos, deben desplazarse a zonas rurales de difícil acceso, etc.
Muchos no entienden –como no han entendido el proceso de paz- que el problema de los docentes no es solamente un asunto salarial, es la reclamación por los derechos a la educación digna de los estudiantes pero también por la dignidad laboral del magisterio en toda su expresión.
Nadie puede desconocer que en los últimos gobiernos de Pastrana, Uribe y Santos, han pisoteado los derechos de los docentes y han mantenido el sector educativo en precarias situaciones, por eso, el reclamo de los maestros es justo e inexcusable, máxime cuando actualmente hay muestra negligente del gobierno en la asignación de los recursos para la financiación de la educación pública.
Criticar y proponer mejoras no es un capricho; las necesidades de la educación no son un capricho, son una urgencia para que esta sociedad mejore, para asegurar un mejor futuro a nuestros hijos y el mejor momento es ahora, no después. Ningún partido político, ni ninguna ideología pueden renunciar a incidir en la educación pública, porque precisamente la formación que tenga la población colombiana será determinante para comprender que un pueblo sólo puede alcanzar la libertad si realmente tiene conocimiento, capacidad de discernir y analizar las ideas que se le presentan para no seguir creyendo en las mentiras de los polítiqueros.
En realidad el primer gran enemigo a vencer en este sentido es la ignorancia. Un pueblo con pocas luces es más fácil de manejar, es más fácil de convencer hacia cualquier ideología, tal como hicieron los politiqueros mentirosos en octubre pasado, que emberracaron a medio país con la supuesta ideología de género en los acuerdos de paz. En cambio, un pueblo ilustrado, capaz de analizar los temas y ver más allá de lo que se le dice, resulta más difícil. ¡Hasta pronto!