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Opinion

Opinión De Mario Parra:  ¿Asistimos al fin mundo?

Opinión De Mario Parra:  ¿Asistimos al fin mundo? En las últimas semanas, la naturaleza se ha ensañado con Estados Unidos, el Caribe y México; cinco huracanes: Harvey, Irma, Katia, José y María, entre ellos Irma es considerado el más devastador de la historia, dejando muerte y destrucción a su paso por Cuba, Haití, Puerto Rico, San Martin, República Dominicana, entre otras naciones. En la Florida, millones de personas fueron evacuadas. Como si fuera poco, México fue sacudido por tres potentes terremotos en menos de dos semanas dejando ciento de muertos, miles de heridos, destrucción material de grandes proporciones y pérdidas ambientales y ecónomicas.

Pero, cada vez que hay un desastre provocado por la furia de la naturaleza salen los “profetas de calamidades” con sentencias lapidarias y apocalípticas a decir que el mundo se va a acabar. Suelen recurrir a concluyentes juicios de valor fundamentados en el miedo que producen ciertas citas bíblicas y bajo creencias religiosas encendidas, pero no se atreven a decir que detrás de todas estas tragedias está el hombre que ha originado el cambio climático y no Dios. Según los expertos, los terremotos de producen por graves fallas geológicas y los huracanes se forman por la enorme carga de energía que reciben debido a las altas tempetaruras en los océanos hoy día. Esos desastres son el anuncio de otros más fuertes si no tomamos conciencia de que con la naturaleza no se juega, ni se improvisa.

No creo en un Dios violento y vengativo, creo en el Dios del perdón y la misericordia; no creo en un Dios destructor del hombre, la naturaleza y los animales, creo en el Dios que ama al hombre y todo lo que le rodea para su bien. No es culpa de Dios que sucedan terremotos, huracanes y tempestades cada vez más fuertes, es culpa del hombre que lo tiene sin cuidado la destrucción de la tierra. No es culpa de Dios la tala descontrolada de árboles ni la emisión de gases, ni aviones, carros, motos y fábricas contaminando el aire; no es culpa de Dios que el hielo de los glaciares y los polos se caigan a pedazos, ardan los bosques y se extingan especies; no es culpa de Dios que sigan primando los intereses ecómicos de empresarios, industriales y comerciantes de numerosas multinacionales que sólo les interesa recibir jugosos ingresos a costa de los recursos naturales.

Nuestra realidad es que estamos acabando con la fauna, pues es evidente el descarado saqueo y tráfico de nuestras especies; estamos acabando con la flora, debido a los alarmantes índices de desforestación; estamos acabando con las selvas, los bosques, los páramos, los ríos, las quebradas, los humedales, las aguas subterráneas y hasta con los “chuquios” como decimos en el Huila; cada día se contaminan más las aguas mediante el uso de venenos utilizados en la agricultura y la minería a gran escala, sobre todo el cianuro, el arsénico y el mercurio y para rematar se quiere imponer el “maldito fracking” para extraer de petróleo del subsuelo colombiano.

No hay duda de que sí estamos asistiendo al fin del mundo, si no empezamos a tomar verdadera conciencia de que necesitamos darle un mejor trato a la naturaleza. Tantos desastres naturales no pueden más que llamar a la reflexión sobre el papel del hombre en el cambio climático. Este es un tema que hay que ponerle atención, el hombre no puede quedar parado a que este mundo se acabe, tenemos que actuar e intervenir de manera urgente.

A los profetas de calamidades, decirles que dejen el morbo, el pensamiento de muerte y destrucción y  que no sometan a la gente a los efectos narcóticos de la estupidez humana. ¡Hasta pronto!

 

 

 

 

 

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