Opinión De Mario Parra: “Dos hechos rechazables” – En el Concejo Municipal de Campoalegre ocurrió la semana antepasada un hecho tan repugnante que merece la repulsa general. No precisamente, por quien le reclamó a una concejala no inmiscuirse en su relación de pareja, sino por el hecho de suceder en el recinto de la democracia local.
Es prudente advertir que la gravedad del asunto es el pésimo ejemplo para la juventud campoalegruna, por la forma como piensan que pueden solucionar los problemas, esto es, mediante la agresividad verbal, mañana lo harán, ya no en el concejo municipal, sino en la iglesia, posiblemente cuando el cura esté oficiando misa.
Pero la actitud de los ciudadanos que por las redes sociales aplaudieron y alimentaron el comportamiento de la señora que agredió verbalmente a la concejala, es todavía más repugnante. Las redes están para comentar con decencia y altura, no para juzgar o condenar, no para humillar, ridiculizar o despreciar como hicieron con la concejala. Defiendo la justicia, pero no el linchamiento y el escarnio.
Meterse en la piel del otro, tratar de sentir lo que otros pueden sentir son ejercicios que conducen a la tolerancia y al respeto. Jesucristo se metió en la piel de aquella mujer que iba a ser dilapidada y dijo: Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Es bueno hacerle la misma pregunta a los que comentaron por las redes y se descargaron en contra de la concejala con la grosería, el irrespeto, la indecencia y la agresividad.
Resulta casi ridículo escuchar, por el motivo que sea, unas descalificaciones y unos insultos tan reiterados y desmedidos ¿Cómo es posible que se aplauda por las redes sociales un comportamiento tan repudiable e inadmisible? ¿Cómo entender que entre quienes humillaron a la concejala haya también mujeres? ¿Por qué tienen que insultar? ¿Será que no se pueden decir las cosas sin ánimo de agredir?
Los comentarios despectivos, las descalificaciones abusivas, las suposiciones malintencionadas, están cargados de mordacidad y de desprecio. Todo ello revestido de la inviolable garantía de la libertad de expresión. Pero, una cosa es la libertad de expresión, que es un derecho que no se debe cercenar y otra, la libertad de agresión, que conculca el derecho que toda persona tiene a su dignidad. Los ciudadanos tienen derecho a opinar, claro que sí, pero no a la libertad omnímoda de agresión.
No estoy de acuerdo con quienes han manifestado sus groseros y atrevidos comentarios como en los tiempos de la Inquisición. Creo que las ideas de la Inquisición las defienden y ejecutan quienes sostienen que es lícito golpear o maltratar a la mujer. Los comentarios en este sentido no protegen a la mujer, protegen a los hombres de sus deseos. La mujer siempre es la culpable, la insuficiente, la impotente, la inferior. Ella es el objeto potencial de la agresividad. Si ella comete adulterio es puta, pero si él tiene una aventura es un macho, un verraco.
Señores y señoras es que no sólo duelen los golpes, también el maltrato verbal, la humillación. El origen de estos males que a todos nos destruyen un poco, están en la cultura, en la educación todavía cargadas de machismo y al parecer en Campoalegre hace falta cultura y educación por montones.
Esta es una invitación para que propendan por el respeto por los demás y resuelvan sus diferencias mediante mecanismos civilizados y no por el poder de la violencia. ¡Hasta pronto!