Opinión de Mario Parra “Por encima del pueblo, nadie” – Cuando escucho a los iluminados de la ultraderecha, que por desgracia abundan en este atormentado país o los fanáticos y violentos patrioteros adictos a la guerra que se erigen en los salvadores del “pueblo” a partir de agosto de 2018 cuando recuperen el poder, entro en un estado de ánimo de decepción ante tanta estupidez y cinismo.
Se les llena la boca hasta los extremos cuando pronuncian el término “Pueblo”. Todo para el pueblo -sólo en épocas electoreras- pero sin el pueblo, los que dicen velar por nosotros y por nuestros intereses y bienes justo hasta el momento de introducir el voto en la urna, pero después si he te visto no me acuerdo.
Me refiero a los que se han burlado con sarcasmo del Partido Liberal, a los que han criticado duramente la consulta popular del pasado 19 de noviembre por el costo que tuvo, 40.000 millones de pesos. Según sus críticos, con ese dinero se habrían podido construir escuelas, viviendas, suministrar raciones a los niños u otras cosas más, argumentos a todas luces inocentes e infantiles. Se les olvida que en materia presupuestal, la partida para la consulta incluía a todos los partidos políticos; rubro determinado desde el 2016 en el Presupuesto General de la Nación en lo que corresponde a la Registraduría Nacional del Estado Civil para los de mecanismos de participación ciudadana. La ley no permite su destino en obras sociales o de infraestructura, como pretenden hacer ver los criticones de la democracia; la destinación diferente conduce al peculado.
Ahora, que muchos candidatos hayan optado por recoger firmas porque no tienen partido o si lo tienen, les avergüenza los asocien con ellos, como le ocurre a Vargas Lleras con Cambio Radical o sacar candidato mediante encuestas, sorteos, rifas y espectáculos, por demás amañados, como el Centro Democrático , lo que evidencia una vez más, es la necesidad urgente de reformar la política para que no pase lo que pasa, para que no se afecten las finanza públicas, para que se fortalezcan los partidos de tal manera que escojan los candidatos mediante consultas internas serias y con máxima transparencia, pero mientras la ley no acabe con las consultas o no obligue a todos los partidos a hacer uso de ellas, la culpa del mal llamado despilfarro no puede ser atribuido ni a los precandidatos, ni a los partidos políticos que hacen uso este mecanismo, es del sistema que falla. Esta es la democracia que nos hemos dado y aquí lo importante es lo que diga el pueblo; lo que dijeron 700 mil ciudadanos que votaron y no lo que diga un “jefe supremo”.
La ley que permite las consultas donde usted y yo podemos escoger un candidato y no a ciegas mediante la lotería de encuestas amañadas. Mientras existan las consultas, nadie le podrá impedir al pueblo ejercer el sagrado derecho al voto aunque algunos las consideren costosísimas e indignantes.
Los criticones acudiendo a la pos verdad, toman como referente que en Colombia hay un potencial electoral de 35 millones de ciudadanos y tan sólo votaron 744.521, es decir, el 2.12%, pero no tienen en cuenta que el abstencionismo en Colombia es del 65%, lo que reduce el potencial electoral a 12 millones de ciudadanos. Igualmente, toman como referente que en la consulta de hace 20 años, el mismo Partido Liberal logró 5 millones de votantes y a un menor costo, otra comparación ridícula, porque en esa época el partido liberal no estaba desmantelado como ahora con liberales en el Partido de la U, CR, CD y el Conservador y sobra decir que el costo era menor por obvias y elementales razones que no es del caso siquiera analizar.
Los criticones no tienen en cuenta que los partidos políticos están en su peor momento, la apatía por los partidos políticos y los políticos es altísima; no tienen en cuenta que en la consulta no hubo mesas de votación en el sector rural, tampoco los incentivos de ley y además, estuvo ausente la compra de votos y el TLC (tamales, lechona y cemento), lo que resume que se trató de un voto de opinión a favor de los dos candidatos, o al menos, respecto de Humberto de la Calle.
Aristóteles en su obra “Política”, definió tres sistemas políticos puros: Monarquía, la forma justa de gobierno de un solo hombre; Aristocracia, el gobierno justo de unos pocos y Democracia, la forma justa del gobierno del pueblo.
A la vista de esto, ¿qué pensaría Aristóteles si examinara el ataque que recibió el Partido Liberal? Podemos suponer que llegaría a la conclusión de que nuestra forma de Estado no es una democracia, es otra cosa, aunque ciertamente, en este mundo no existen democracias ni sociedades perfectas. Era indudable que los criticones oportunistas adictos al poder y al odio, iban a aprovechar los resultados de la consulta para atacar al Partido Liberal y más cuando la paz les incomoda.
No quiero imaginarme el regreso de la época de exterminio de liberales; épocas oscuras donde se incitaba a asesinarlos porque ser liberal era pecado. Hoy seguimos igual o peor, no hemos podido superar esos pensamientos tan ridículos y falsos, no entienden ni aceptan ni la más pequeña piedra del engranaje de la violencia y como su fuera poco, le sacan el cuerpo a la consulta para desprestigiarla y a cambio rifar a los precandidatos.
Ahora no sólo quieren hacer trizas los acuerdos de paz, sino también al Partido Liberal -o a quien se les atraviese- que pese a su actual situación, no podemos olvidar su trasegar histórico, su influencia y liderazgo en las grandes reformas políticas, sociales y económicas del país. ¡Hasta pronto!