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Crónica: Intercambio De Piel

Crónica: Intercambio De Piel – Por : Zaida Piedad Rodriguez Perdomo : Colombia es un país diverso, lleno de turismo, festividades, colorido y armonioso, pero también tiene su lado oscuro, esa parte de la cual muy pocas personas se atrever a hablar, y si lo hacen son señaladas, considerando el tema como tabú, a pesar de que este trabajo hace mucho tiempo predomina como trabajo informal y que lo ejercen mayoritariamente mujeres por múltiples razones, como la necesidad, por obtener dinero fácil y rápido o porque crecieron en ese entorno. Pero en un reportaje realizado por noticias caracol el día 5 de junio del 2019, se expuso como se manejaba la prostitución y las drogas en Medellín en la zona de tolerancia (parque Lleras); las jóvenes salen a las calles a ganarse “la vida”, no porque quieren sino porque les toca, ya que en sus propios hogares las incitan a que llegue a este trabajo; pero muchas veces no las buscan para los servicios sexuales, sino para compañía, y las mas costosas y buscadas son las vírgenes.

La alcaldía de Medellín, da un presupuesto para proteger los derechos de los niños y niñas de la ciudad, y la secretaría de inclusión social con ofertas de oportunidades, buscan cautivar a los jóvenes que deambula por las calles.

Como Constanza que es una señora de 50 años que tiene tres hijos y está separada. Comenzó a ejercer la prostitución a los 22 años, cuando estaba a cargo de dos niñas, (de 2-4 años) y de su papá que tenía 65 años.

Constanza de joven era delgada, alta, una morena hermosa, con su cabello largo, su dulce y coqueta mirada, a la hora de vestir era sencilla pero elegante, con unas manos suaves y delicadas, unas piernas largas y bien cuidadas, a pesar de que tenía dos hijas estaba muy bien conservada.

-El motivo por el cual llegue a la prostitución fue por poder responder por mis hijas y por mi papá, fue mi último recurso, porque el papá de mis hijas me abandonó, nadie me daba trabajo, mis hermanas me cerraron las puertas, mis hijas aguantaban hambre y tenía que conseguirme la plata como fuera-, esto me cuenta Constanza mientras toma su café.

No llegó sola al mundo de la prostitución, fue por una mentira y una “amiga”, le dijo que necesitaban una mesera en un restaurante y que pagaban bueno, dada la necesidad no preguntó nada más y se fue el viernes en horas de la tarde para Algeciras Huila.

-Cuando llegué allá a ese sitio fue una sorpresa que me llevé, lloré mucho, me sentí muy mal, el aire me faltaba, pero ya estaba ahí, no podía hacer nada, tenía que cumplir, porque me daban los pasajes y los papeles que necesitaba para trabajar.

Esa noche fue una noche muy larga, cuando me tocó atender a mi primer cliente me pasó un frío por todo el cuerpo que sentía que no me dejaba mover, pero saqué las fuerzas para poder continuar. No fue nada agradable esa experiencia, me sentía sucia, que olía feo, que mi vida se caía a pedazos; el cliente era un señor moreno, bajo, algo gordo, bien vestido y tenía manos grandes. Al terminar me fui a los baños y salí a los 15 minutos, todavía no podía creer lo que estaba haciendo y todo por el amor a mi familia-.

Le tuvieron mucha paciencia ya que era su primera vez en ese negocio, las compañeras la aconsejaban y había un buen trato entre ellas, pero esa era una vida que no le deseaba a nadie, porque ganarse la plata de esa forma es muy desagradable.

-En cierto punto consideré que como me ganaba la plata era sucia, por todo lo que me tocaba hacer, pero pagaban tan bien que a la final no lo era, porque es un simple trabajo que ejercí y lo hacía por mis hijas, para darles un techo, su ropita y salud; de igual forma era una responsabilidad muy grande que yo tenía y tenía que hacerlo, lo hacía o lo hacía-.

 Por el buen trato que tenían, se cuidaban la una a la otra, se apoyaban, sus patrones estaban pendieres de ellas, pero como todo trabajo tiene sus inconvenientes y este no hace la excepción.

Me cuenta Constanza que cuando llegaba un cliente al negocio las hacían llamar, porque a la final eran mercancía.

-Nos sentábamos afuera a esperar a que llegara la gente a tomar y a que nos llamaran. Cuando nos llamaban era un suertazo, a veces uno daba con buenos clientes y otras veces no- dice la señora sentada en su mecedora. -A veces era bueno el día viernes y nos llamaban casi a todas, y en ese entonces se le llamaba bajar bandera, a ver cual de todas de las que estábamos nos llamaban de primera y decíamos “huy julana de tal bajó bandera, se puso bueno esto” y la gente empezaba a llegar. En la noche atendíamos entre diez y quince hombres o más, era una cantidad grande cada fin de semana, como en esa época se pagaba tan barato uno se traía cuatrocientos, quinientos o seiscientos en un fin de semana y eso era buena plata-.

Constanza le tenía que pagarle a la cantina la habitación y consumir de las bebidas, ya que esas eran las ganancias, además de eso, sus patrones le tenía condiciones a las trabajadoras sexuales, que asistieran a los controles cada mes, debían ir al hospital a realizarse los exámenes de rutina, (citologías, exámenes vaginales, entre otros), y después de eso se les daba un carnet autorizado por el hospital diciendo que estaba sana y otro por la policía, porque si no los tenían corrían el riesgo de que las detuvieran.

-A la cantina entraban amapoleros, camioneros y personas del pueblo. Eran hombres gordos, desagradables de ver, con las manos sucias, algunos iban mal vestidos, olían a sudor, pero a uno le tocaba atenderlos así y a mi me daba asco tener que tocarlos.

Muy pocas veces se recibían propinas, a uno le decían, ¿cuánto vale el polvo?, uno cobraba tres mil o cuatro mil, pero había clientes que le daban a uno cinco mil, diez mil, eso era según el cliente que llegara, se cobraba a conveniencia y la voluntad del cliente-.

A pesar de que le pagaban bien, vivía con temor de alguna enfermedad, de sufrir algún ataque por parte de un cliente, pero a lo que más le tenía miedo era de que su familia se enterara en qué trabajaba, solo les decía que se iba a trabajar a un restaurante y regresaba el lunes en la mañana.

En el portal web de rcn radio, Javier Jules realizó una columna de opinión el día 7 de junio del 2018 sobre la prostitución en Suecia, informando que quien paga para tener relaciones sexuales es un delincuente y puede enfrentar hasta un año de cárcel. Suecia y Francia le apuestan por un nuevo modelo de abolición, que no penaliza a las trabajadoras sexuales sino al cliente, porque sino hay demanda no hay oferta. Pero toda ley tiene su oposición y en este caso es Holanda, quien dice que la prostitución es un trabajo que se puede ejercer libremente y le apuestan a la regularización.

-Solo duré un año, porque conocí a un muchacho, nos enamoramos, me sacó de ahí y al poco tiempo quedé en embarazo y se hizo cago de mis hijas y de mí; sino hubiera conocido a José, me hubiera quedado en la prostitución, porque ganaba bueno, mis hijas no pasaban necesidades, tendría mi propia casa y hasta estudios-.

No es sencillo para una mujer llegar a la prostitución, ni mucho menos como le tocó a Constanza, que fue por necesidad, estar allí por un año y que su “libertad” estuviera en un hombre; su experiencia le sirvió para formar a sus hijas. Todo en la vida requiere de sacrificios y ella dio todo por el amor a sus hijos, cualquier madre no sería tan valiente de hacer eso y lucha por su hogar.

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