Opinión De Mario Benedicto Parra: “Cuánto tienes, cuánto vales” (parte 1) – Puede parecer una insolencia hablar, hoy, de ciudadanía o de democracia cuando las preocupaciones económicas ocupan la primera plana de nuestras vidas y de la cotidiana noticia y conversación.
Sin embargo, si ahondamos un poco en el tema, caeremos en la cuenta de que una construcción económica sin una verdadera participación ciudadana nos traslada a tiempos pretéritos de esclavitud y que la convivencia ciudadana es imposible sin una economía justa y equitativa pata todos.
Me parece que aquí reside uno de los grandes desafíos del mundo globalizado y de nuestra nación.
Es bueno recordar que la idea de ciudadanía responde a una concepción de la sociedad en donde todos los miembros de la misma ostentan iguales derechos y son responsables de idénticas obligaciones. Es decir, nadie es más que nadie y nadie es menos que nadie. O así debería ser. Y es esa la “sociedad de iguales” la que se da su propia constitución y las leyes complementarias -como la reciente aprobada ley laboral- para su armónico funcionamiento. De ese modo, los habitantes se constituyen en ciudadanos.
Recordar, también, que la finalidad de la organización económica de un país es contribuir a solventar las necesidades básicas (materiales, culturales y anímicas) de sus habitantes teniendo en cuenta aquella “igualdad humana y social primaria” y lo que cada uno aporta a la producción de bienes y servicios para el desarrollo integrar de la sociedad en la vive. Esta organización económica, en ningún caso, podrá prescindir o negar la constitución y las leyes básicas que se dieron los ciudadanos.
Si concordamos en lo dicho anteriormente, coincidiremos en que la política, entendida como la búsqueda del bien común de un núcleo social, es la que debe guiar todas las acciones, porque representa las coincidencias básicas de quienes lo componen.
Pero la experiencia diaria nos dice que, en nuestro país y todos los países, las decisiones económicas se han adueñado, casi con peculiaridad, de todas las variables de las acciones ciudadanas, sean éstas de quienes ocasionalmente son responsables de guiar la política general o las de la base ciudadana. Por un doble motivo: porque desde hace muchos años la economía ha secuestrado a la verdadera política y porque el mundo globalizado actual se ha constituido sobre la base del poder del dinero, del poder económico.
“Cuánto tienes, cuánto vales”, dice el compositor huilense Jorge Villamil Cordovez en la canción Oropel, es el axioma imperante, dejando de lado todas las otras facetas de un desarrollo humano completo, y reduciendo a los ciudadanos a simples instrumentos de la producción y de la adquisición de bienes y servicios.
Digámoslo claramente: el dinero, como símbolo del “tener y poseer”, se ha constituido en el nuevo becerro de oro de la actual etapa civilizatoria.
Entonces, los ciudadanos y los gobernantes más humanos y más humanistas deben lidiar a diario contra las grandes corporaciones del poder económico, encaminados a practicar una convivencia social más digna y participativa, también es verdad que no resulta fácil encontrar a aquellos ciudadanos y gobernantes humanos y humanistas.
¡Hasta pronto!