Podemos censurar muchas cosas del paìs en el que vivimos. Cada pueblo se desenvuelve segùn ciertas herencias culturales, pero debemos evolucionar, cambiar y asumir una actitud màs compasiva y humanista para que se acaben en Colombia los ridìculos espectàculos llamados “corralejas” que atentan contra los indefensos animales y ponen en peligro a los humanos que arriesgan sus vidas por un poco de dinero y diversiòn.
Diferentes medios de informaciòn publicaron còmo un grupo de personas mata salvajemente a un toro a patadas, pedradas y puñaladas en las corralejas de Turbaco en enero de 2015; tambièn muestran còmo en Buenavista (Bolìvar), un caballo herido fue descuartizado vivo por la muchedumbre.
Entre diciembre de 2015 y lo transcurrido de enero de este año, se han registrado 4 muertos, 142 personas heridas, 6 toros muertos y 42 equinos heridos en las diferentes corralejas; tan sòlo en Caucasia (Antioquia), hubo 50 personas heridas.
Estos actos que se repiten año tras año, son inaceptables por donde se les mire: violencia y crueldad para con los animales y peligro para los seres humanos que cuando no es la muerte tras recibir la cornada, reciben heridas de diversa gravedad y de paso, ponen en aprietos el sistema de salud.
Colombia ha mostrado que no tiene dirigentes polìticos con una mente abierta acorde con los tiempos modernos que prohìban de una vez por todas las corralejas, las corridas de toros, las peleas de gallos, los coleos y las cabalgatas urbanas.
¿Hasta cuàndo los negocios de unos pocos van a seguir tapando la sangre de humanos y animales, hacièndonos creer que esos espectàculos salvajes son actos culturales? Para unos pocos, en este negocio, los muertos y los heridos son una inversiòn que se teje en complicidad con los alcaldes, entidades pùblicas y privadas que ayudan a mantenerlo. ¿Cuànta gente màs deberà morir y quedar lisiada de por vida?
Ni hablar de las corridas de toros, donde se somete al enfurecido animal a continuas heridas, pues la circo-diversiòn exige que entre màs lento muera el toro, màs larga es la funciòn y màs imponente el ego del “matador” y de los espectadores que festejan su muerte, tal como se hacìa en el “circo romano” hace siglos.
Tampoco se comprende el aporte cultural de las cabalgatas, cuando se somete a los equinos a la crueldad, imponièndosele galopar sobre el pavimento donde las altas temperaturas calientan el asfalto y el ardor en los cascos de estos animales se torna infernal. Muchos caballos y yeguas son sometidos a este suplicio y exhibidos en condiciones no adecuadas.
Medellìn, Armenia, Cali y Bucaramanga le dijeron no a las cabalgatas urbanas y punto; la ciudadanìa en general y sus mandatarios, consideraron que las cabalgatas debe ser ecològicas, rurales, para que los equinos cabalguen en el pasto y se excluya el circo, la muerte y la corrupciòn.
Esperamos que el alcalde de Neiva siga el mismo camino y acabe con la tal cabalgata sampedrina; seguir con esta estupidez de abuso animal es un atropello a la razòn. Las cabalgatas reùnen varios circos al mismo tiempo: Hombres y mujeres acompañados de licor; hombres acompañados –muchos, no todos- de bellìsimas prepagos, generalmente una mujer siliconada que presume de dinero y poder; detràs de las cabalgatas hay una exposiciòn de vanidad, soberbia, exhibicionismo, prepotencia y fanfarronerìa de un gran nùmero de pobretones con delirio de poder. Los verdaderos ganaderos, hacendados y finqueros protegen la salud y la vida de sus animales y no los exponen al cruel espectàculo circense urbano.
Al menos es innegable el nùmero creciente de colombianos que cada dìa se une y se opone a la violencia y el maltrato animal para que no sigan ocurriendo situaciones de esta ìndole, ya que muchos alcaldes no estàn dispuestos a cambiar sus fiestas. ¡Hasta pronto!