CON LOS CALZONES ABAJO

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Desde el año 2004 Colombia y los Estados Unidos de Norteamérica se sentaron a negociar el Tratado de Libre Comercio, su nombre oficial en español es Acuerdo de Promoción Comercial entre Estados Unidos y Colombia, y en inglés Colombia Trade Promotion Agreement (TPA).

Después de 21 meses, 15 rondas y 100 reuniones entre las partes, el 27 de febrero de 2006 se finiquitó este Tratado entre Colombia y Estados Unidos, nuestro Senado de la república aprobó el 14 de junio de 2007 el TLC con Estados Unidos.

El pasado martes 15 de mayo de 2012 entro en vigencia el TLC, fecha que era esperada por el gobierno nacional, puesto que desde la aprobación por parte del Senado Colombiano, se inició una avanzada diplomática para que fuera aprobado por el Senado Norteamericano, lo cual se vino aplazando por diferentes coyunturas, lo único cierto es que su llegada era inevitable por razones de conveniencia, no solo económicas sino por el papel de Colombia en la geopolítica de la región.

En cuentas alegres como es tomado todo en nuestro país y en especial nuestro municipio, desde finales de febrero hasta la fecha, han pasado alrededor de seis años y tres meses, para prepararnos para este día y realmente nos cogieron con los calzones abajo para estar listos, y enfrentar este mercado que se abre, en condiciones medianamente equilibradas, pero lo único que se sabe es que entraremos a competir en desigualdad de condiciones, y que como buenos Colombianos todo se afrontara improvisadamente, como se observa por parte de las medidas adoptadas por el sector central.

El peor panorama lo avizoraba el sector agrícola en especial el arrocero, ante lo cual las medidas adoptadas por el Ministerio con el polémico Agro ingreso seguro ni el nuevo Desarrollo Rural con Equidad (DRE),ni mucho menos las acciones de la federación de este gremio con el supuesto “mejoramiento genéticos”, en nada se compadece con la población que subsiste de este reglón de la economía, hablar de los problemas fitosanitarios, del precio, de los molineros, de los insumos, del contrabando es ser redundante ante una realidad clara, no podremos competir frente a los costos de producción y los subsidios de los arroceros Norteamericanos .

Pese a lo anterior en los últimos años el crecimiento del área y la producción de arroz en Colombia ha sido del 5% anual; crecimiento que ha estado acompañado de un mejoramiento de la productividad por hectárea del 8%.

Lo anterior le ha permitido al sector convertirse en el segundo cultivo transitorio más importante del país, con el 10% del área agrícola y presencia en 220 municipios cuya economía depende fundamentalmente de la actividad arrocera.
El arroz participa con el 4,5% del PIB agropecuario y genera el siete por ciento de los empleos agrícolas.

Se estima que al finalizar el 2011 el área sembrada de arroz alcanzará las 452.000 hectáreas, superior en un siete por ciento a la de 2010 y una producción de 2.7 millones de toneladas de paddy verde, con un valor estimado de $2.5 billones.

Se considera que las siembras del primer semestre de 2012 estarán disminuidas por problemas fitosanitarios y por la incertidumbre del mercado que ha generado la entrada en vigencia del TLC.

Panorama que es no es diferente a nuestra realidad local, máxime con las expectativas del nuevo molino que llegara a Campoalegre, que incentivara el cultivo del cereal, el cual sin un horizonte claro sobre las políticas públicas para el apoyo a los cultivadores se ahondara la crisis, cuales se encuentran en la disyuntiva si la reconvención de los cultivos con el desconocimiento de la técnica, rentabilidad y variedades que puedan ser exitosos en tierra Campoalegruna o la tecnificación con la mejora genética usos de agroquímicos genéricos, y adecuación de tierras como con la micro nivelación laser, esfuerzos que pueden ser válidos, solo en la medida que el gobierno cumpla con los compromisos para con el sector.

Con todo lo anterior la única salida a esta problemática estaría basada en la unión. Esa unión que nos fue enseñada por parte de nuestros fundadores, forjada con tesón y empeño por la cual fue posible que se dieran los procesos económicos y sociales emblemáticos como la reforma agraria, que nos proyectaron como capital arrocera del Huila, porque solo unidos se podrá hacer eco y que las decisiones que se tomen sean positivas para toda la cadena productiva que genera el arroz