CUENTO: EL ESTILISTA DE LA MUERTE – Por: Mauricio Salgado Sánchez
_ ¡Intimidante! _ dijo el hombre_. Algunos cuerpos se resisten a sentir el caos terrible de desaparecer. Estaba en su taller ordenando los utensilios como si fuese alquimista medieval.
_ ¡Eres patética! _. Se le salieron las palabras de súbito y después las enjauló para tragarlas sin querer como un buche de sabor amargo. Porque la muerte era para él su dulce tormento. La anhelaba todos los días cerca de su contacto y lejos de los suyos. Contempló con detenimiento el cuerpo yerto y se le figuró reconocerla tan vital y sin escrúpulos riendo lisonjera en los recodos de la sala.
_ ¿Por qué la muerte no tiene edad?
_ Porque es como el río: incontenible.
_ Si regresa de nuevo, no la atenderé. Ya he visto suficiente_. Le habían traído un cadáver de un bebé de ocho meses. Tenía los ojos abiertos y él intentaba inútilmente ponerle bolitas de algodón en los párpados.
_ ¡Lo siento! No es asunto mío. Yo solo hago mi trabajo_. La muerte siguió merodeando con intención de exasperarlo. El tiempo, en estos casos, se convertía en su peor enemigo.
_ ¡Yo no tengo la culpa de lo que te pasó! Sólo quiero hacer mi trabajo_. El hombre salió de la sala procurándose un café. A su regreso, pudo despedirlo con dignidad.