El CALVARIO DE NUESTROS CAMPESINOS

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La crisis del campo, no es por sólo por los altos costos de los insumos y el desplazamiento forzado para arrebatarle la tierra a quienes de verdad la trabajan y cumplen con el más sagrado precepto bíblico: “Ganaras el Pan con el sudor de tu frente”, sino la usurpación de las tarántulas vampiras de la banca colombiana, que ofrece el cielo y la tierra para que el campesino hipoteque su tierrita o su casita dizque para hacerle el favor de prestarle unos costosos pesos para que siembre sueños y esperanzas y, luego coseche deudas y angustias, cuando los embates climáticos, es decir la temporada de calor o la ola invernal no le dejaron cumplir el ciclo natural de germinación a la semilla que con tanto sacrificio logró plantar, tal como plantó, la firma en un pagaré que hoy es la sentencia de muerte económica para miles de nuestros campesinos víctimas de la usura de las instituciones financieras, las mismas que el Estado auxilia cuando entra en barrena la economía bancaria, otorgándole exoneraciones, auxilios e incluso brindándole salvaguarda a los bancos en quiebra; mientras que para el campesino hoy hay rebaja o tratamiento especial en aranceles de importación de insumos, los mismos que suben y suben, entre tanto que la tecnología baja ya baja, por que el dólar baja, pero baja para unos y sube para otros, o es que los insumos no son comprados con dólares?

Bueno eso que tiene que ver con la crisis del campo?… Dirán unos y, otros repetirán: de malas. Pues bien, no hay derecho o qué tal esto? No fueron pocos los pequeños agricultores que se endeudaron para poder sembrar, sin imaginarse que el clima los iría a traicionar, dejándolos con una mano a atrás y otra a delante, pero con los “chepitos” siguiéndolos para quitarles la finquita y dejarlos en un estado de miseria total, ´para engrosar las filas de desplazados.

Ahora sí dónde están los políticos que le dan palmadita a los labriegos en época electoral y luego se meten en las roscas de legisladores para beneficiarse así mismos, como el carrusel de préstamos del Ministerio de Agricultura o las roscas menores de gobernaciones y alcaldías, donde solamente incluyen en los proyectos a los amigos y familiares para que reciban los pocos auxilios, dejando al resto con la totuma en la mano.

En esta edición presentamos el drama de un campesino de trayectoria, don Roberto Cortes, quien nos relata a sangre fría el calvario por que pasan nuestros campesinos, esta nota nos deja una reflexión y esa es la que cada uno de nuestros lectores podrá evaluar para sí mismo y ver si de verdad la paz es necesaria pero con una amnistía económica para las víctimas de la banca y sus testaferros, que hoy se peleen en los estrados judiciales, la forma de cómo quedarse con el bien rematado…es es la verdad de a puño que padecen nuestros trabajadores del campo.