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Especial Centro Noticias : ‘La tierra para el que la trabaja’ Campoalegre, ejemplo nacional de lucha por la tierra

Especial Centro Noticias : ‘La tierra para el que la trabaja’ Campoalegre, ejemplo nacional de lucha por la tierra – Los procesos sociales liderados por los campesinos de Campoalegre (Huila), las tomas de tierras y las transformaciones que desencadenaron sus luchas en el sector, definieron al municipio como un fenómeno nacional. Campoalegre fue el principal referente de legitimidad y defensa del campesinado colombiano en marco de la reforma agraria que se realizó a partir de la década de los años sesenta porque consolidó una organización unificada, fuerte y amplia, cuya consigna fue “la tierra para el que la trabaja”[1].

Campoalegre fue considerado referente nacional de la reforma agraria por las grandes luchas sociales por la redistribución de la propiedad de tierra, la resistencia y organización de sus comunidades y las expresiones populares en beneficio de toda la colectividad rural. Estas luchas que iniciaron en los años sesenta hasta la década de los ochenta, fueron muy significativas para hombres, mujeres, niños, ancianos y jóvenes, pues estos movimientos de expresión popular representaron la realización de sus proyectos de vida.

Las luchas campesinas y las tomas de tierras de Campoalegre fueron reconocidas además porque lograron materializar una reforma agraria incluyente que reivindicó sus derechos frente al dominio terrateniente, la desprotección estatal, la ausencia de políticas públicas y de asistencia social. Además, sus organizaciones comunitarias apoyaron la idea de tener la propiedad de tierra y acompañaron de manera decisiva a los labriegos en este proceso.

Los movimientos campesinos en Campoalegre aceleraron la repartición equitativa de tierras improductivas, dotaron de nuevas significaciones el trabajo en el campo, incentivaron en la comunidad la necesidad de luchar y de movilizarse para ser reconocidos como sujetos de derecho. Asimismo, el municipio se benefició de la ampliación de la infraestructura urbana gracias a los programas de la reforma agraria emprendidos por sus habitantes, entre los cuales se encuentra la construcción del Sena de Angostura, que se logró a través de la gestión de recursos provenientes del extranjero y significó un eje en el desarrollo de la educación y la tecnificación del campo.

La resistencia civil en Campoalegre dejó a quienes impulsaron estas luchas, la alegría de haber sido beneficiados por el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria –INCORA- por medio de la parcelación de grandes extensiones de las tierras del municipio; pero también dejó desconsuelo por las desapariciones de campesinos y las muertes de algunos  líderes en el ámbito nacional.

Estas luchas campesinas estuvieron ligadas a dos formas de organización después de que la ANUC fue deslegitimada por el gobierno de Misael Pastrana Borrero. Por un lado, estuvo la ANUC Sincelejo llamados también la ‘línea dura’, porque proclamaron como su método de lucha la movilización de las masas campesinas y la conquista de sus reivindicaciones. Sus acciones fueron las tomas, invasiones, manifestaciones éxodos, ocupación de oficinas y sitios públicos. De otra parte estuvo la ANUC  “línea Armenia”, que se caracterizó por una forma de lucha oficialista y contó con reconocimiento jurídico, porque consideraron que debían estar de la mano con el gobierno, ya que de él recibían lo que necesitaban.

La ANUC Línea Sincelejo, pese al ambiente antirreformista impuesto por Pastrana, radicalizó su posición y las vías de hecho se convirtieron en las principales acciones de esta organización. Según Gladys Salazar, en Campoalegre la ANUC en esos años de crisis realizó tomas reiteradas a los predios San Carlos, El Rincón, Candelaria y Sebastopol. Además, en 1.974 invadieron un predio en la zona urbana para construir vivienda, que luego recibió el nombre del barrio Sincelejo, y benefició a 110 familias. En 1975 la lucha el movimiento campesino permitió que se parcelara la hacienda Arrolima, beneficiando a 25 familias con sus 156 hectáreas. Pero tal vez, lo más digno de destacarse es que la lucha por San Carlos fue persistente desde 1.974[2]. San Carlos fue parcelada hasta 1988.

Las tomas de tierras

Las tomas de tierras en Colombia durante la década de los setenta se registraron principalmente en tres regiones: la Costa Atlántica, el Tolima Grande y los Llanos Orientales. En el Huila los procesos de  reforma agraria se concentraron en fincas inadecuadamente explotadas, con el propósito de crear en ellas empresas comunitarias. Estas invasiones se intensificaron en Yaguará, Aipe, Palermo, Campoalegre, Villavieja y Tello. Entre 1974 y 1978 los movimientos agrarios aumentaron su capacidad beligerante y se movilizaron a través de las invasiones como una forma real de adjudicarse los predios, a pesar de la represión y el hostigamiento de las fuerzas del Estado y de los terratenientes.

En este contexto, las luchas campesinas de los campesinos de Campoalegre generaron un sentido de unidad en la población. La toma de tierras, las expresiones artísticas, las congregaciones y las manifestaciones; que en muchas ocasiones finalizaron en  disputas con la policía, hizo que un gran sector de los habitantes simpatizaran con los movimientos campesinos y formaran parte de la resistencia civil.

El ejemplo

El poder político, económico y social de Campoalegre cambió significativamente gracias a la organización de los campesinos por una equitativa repartición de tierras a través de presiones, tomas, marchas y negociaciones con distintas personas y organizaciones. En estas luchas participaron decididamente hombres, mujeres y ancianos. La exigencia por la tierra fue la consiga recurrente. Los campesinos crearon grupos de trabajo de acuerdo a sus aspiraciones reivindicativas, entre los que se encontraron comités estructurales de salud, educación, recreación, alimentación, prensa y propaganda.

Estos comités velaron por garantizar los derechos humanos y los recursos económicos para las actividades de las luchas campesinas, principalmente para la difícil vida que experimentaron los núcleos familiares en las tomas de tierras. A través de la organización, la unidad y la formación de comités barriales, se dio paso a la creación de comités veredales y municipales. La beligerancia del movimiento campesino fue respaldado por otras organizaciones ciudadanas, como grupos juveniles, grupos universitarios, líderes indígenas y comunidades cristianas protestantes, quienes se solidarizaron con las demandas sociales de los campesinos.

La resistencia civil no solo hizo alusión al uso de la fuerza. Los campesinos también se valieron del uso de las expresiones culturales como el teatro – haciendo énfasis en la idiosincrasia campesina, la música, la oralidad y escritura-, para convocar gran afluencia de personas en lugares estratégicos de Neiva como el parque Santander y la Universidad Surcolombiana, para dar a conocer los problemas rurales en torno a las tierras y obtener el apoyo de la academia, organizaciones sindicales y personas.

La mujer y la lucha

De otra parte, alrededor de las luchas campesinas, la presencia pública de las mujeres en la toma de tierras, permitió a la sociedad establecer otros ideales de futuro respecto a las actividades ciudadanas de las mujeres. La inclusión social de ellas en la reforma agraria aportó a las luchas campesinas espacios de reconocimiento, dinamismo, cooperación y dualidad entre los hombres y  la familia; ya que las primeras acciones de movilización civil fueron emprendidas por los hombres y posteriormente apoyadas por mujeres y jóvenes, como parte de la resistencia colectiva. Las mujeres resignificaron las actividades cotidianas que desempeñaban desde el ámbito domestico, en la esfera privada de la familia, a beneficio del movimiento campesino, pero esta vez, para favorecer la esfera pública de la resistencia social.

El papel desempeñado fue además del apoyo logístico, como gestoras independientes de recursos económicos, organizadoras de eventos culturales, mediadoras entre los campesinos y el Estado por su misma naturaleza maternal.. Asimismo, facilitaron los acuerdos entre campesinos y Estado y la devolución de los predios, fueron organizadoras de movimientos civiles, líderes de protestas sociales y fundamentalmente, abastecedoras de medicamentos, agua potable y recursos alimenticios comunitarios durante la tomas de tierra. Ellas eran las encargadas de  curar a los enfermos o heridos por la fuerza pública e hicieron agradable la subsistencia de los campesinos en terrenos inhóspitos.

 

Por: Ginna Tatiana Piragauta G.
Especial Centro Noticias /  Red De Comunicadores Populares Del Sur

 

Fotos de la investigación Memoria social de las luchas campesinas por la toma de tierras en el municipio de Campoalegre (Huila) desde las narrativas orales y escritas durante el período 1.975 – 1.985. CORDOBA, Oviedo Cesar Augusto y otros. Universidad Surcolombiana, facultad de Ciencias Sociales y Humanas, programa de Comunicación Social y Periodismo. Neiva, noviembre de 2010

[1] Este artículo periodístico se elaboró a partir de la investigación realizada por los comunicadores sociales Cesar Augusto Córdoba, Miltón Javier Guarnizo y Ginna Tatiana Piragauta. En: Memoria social de las luchas campesinas por la toma de tierras en el municipio de Campoalegre (Huila) desde las narrativas orales y escritas durante el período 1.975 – 1.985. CORDOBA, Oviedo Cesar Augusto y otros. Universidad Surcolombiana, facultad de Ciencias Sociales y Humanas, programa de Comunicación Social y Periodismo. Neiva, noviembre de 2010

[2] Entrevista realizada a Tomás Emilio Herrera, líder agrario de Campoalegre. Marzo 20 de 1.989. Citada por: SALAZAR de Murcia, Gladys. Op cit. Pág. 50.

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