Jóvenes Contracorriente

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936834_10151633487976907_193942155_nDesde que tengo uso de razón, a los adultos les ha preocupado -a algunos con cierta incomodidad- lo que hagan o dejen de hacer los jóvenes. Como ya tengo 33, y además soy docente, a mí también me incumben. Nos preocupa su rebeldía, su forma de hablar, su manera de vestirse, de peinarse, la música que escuchan, los programas que ven, sus gustos, y de un tiempo para acá, sus adictivas conductas digitales.

Paradójicamente, en esa “diversidad de hábitos” que nuestra juventud alardea tener, existen comunes denominadores estratégicamente introducidos por un sistema globalizado, que no les hace “diferentes” o “únicos”, sino que por el contrario los circunscribe en un molde bastante homogéneo, que por ende resulta ser cómodamente manipulable. Por supuesto, esta manipulación promueve en los jóvenes una cultura de consumismo, en donde los principales beneficiados terminan siendo las grandes empresas multinacionales de Internet, ocio, tecnología, música, moda, comida chatarra, etc.

Hoy en día aplaudo a aquellos jóvenes que no se someten fácilmente a esa matriz universal, y en cambio adoptan hábitos diferentes y mucho más provechosos. Por citar algunas de esas minorías que luchan contracorriente son: los que profesan activamente una fe o creencia religiosa, los que ejercitan un arte musical, visual, escénico o literario, los que se preparan complementariamente con educación no formal o informal ya sea técnica o académica o en idiomas, los que practican disciplinadamente un deporte, los que ingresan activamente a alguna institución social, lúdica o cultural, etc. todos estos son espacios que si bien no van a garantizar la emancipación de los jóvenes al régimen -y tampoco pret

endo que así sea-, por lo menos no los hace tan vulnerables a la manipulación sistemática consumista, puesto que tienen otras prioridades en qué ocuparse. Por ejemplo, si un chico estudiante de música cuenta con el dinero suficiente, preferirá invertir en la compra de una guitarra bien equipada antes que tener el último smartphone; esto en cierta forma lo diferencia de los demás jóvenes consumistas quienes preferirían el dispositivo digital.

He observado en mi día a día como docente, cómo los jóvenes que hacen parte de alguno(s) de estos grupos anteriormente mencionados, tienden a ser más críticos, autónomos, talentosos, mejores a la hora de desempeñar algunas competencias como las comunicativas; generalmente están vocacionalmente definidos en su proyecto de vida (algo difícil de encontrar hoy en la mayoría de los jóvenes), yo los admiro.

Está claro que sin importar cual sea la minoría en la que se esté adscrito, cuando una persona posee una firme creencia y se apasiona por ella, sin importar cual sea, ésta convicción será admirable y respetada por los demás. Mi recomendación para los jóvenes es que no se amolden a la matriz, que desarrollen otras competencias que realmente los diferencien de los demás. Lo popular sin duda será lo más fácil, pero no siempre será lo mejor.

Ing. MANUEL ALEJANDRO GUTIERREZ
Docente e Ingeniero Electrónico