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La Opinión De Mario Parra: ¿Le votarían a un político que diga lo que realmente va a hacer

La Opinión De Mario Parra: ¿Le votarían a un político que diga lo que realmente va a hacer – ¿Alguna vez nos hemos preguntado por qué los políticos en Colombia no han sido capaces de tratar con rigor los temas económicos, sociales y políticos para cambiar esta sociedad cada vez más hipócrita, deshumanizada y telebobizada?

Cuántos políticos no dicen lo que van a hacer por temor a la presión que puedan ejercer en su contra los poderes económicos y políticos del país y del exterior y, por ende, actúan según conveniencia de gran parte de la sociedad política y civil en la que predominan y valen más las imágenes, la mediocridad, los intereses propios y la falsedad que las propuestas, los conceptos y las ideologías.

Ante la ausencia de verdaderos partidos políticos y la falta de ideologías, principios y convicciones coherentes, el ejercicio de la política deja de tener sentido cuando se sigue el camino de la hipocresía y la falsedad.

¿Qué hubiera pasado si Juan Manuel Santos, hubiera dicho en la primera campaña electoral que lo mejor para el país era la paz y no la guerra?, no le hubieran votado, porque el enfoque ideológico y la propuesta hace siete años atrás era enfrentar a las guerrillas a punta de bala, -generando más violencia, desolación, desplazamiento, muerte, falsos positivos- y no mediante mecanismos civilizados.

Supongamos que un candidato a la próxima contienda electoral a la Presidencia de la República, proponga disminuir el Congreso de la República y los salarios de los congresistas a la mitad, no le votan, porque se enfrentaría a la encumbrada presión de las maquinarias electoreras de este país. Supongamos que un candidato proponga acabar con las gobernaciones, las asambleas departamentales, las contralorías municipales y departamentales y demostrar, como está demostrado, que son innecesarias e ineficientes, no le votan, porque los políticos y la sociedad civil que se mantiene de estas instituciones no esperarán ser despedidos ni perder el poder.

Sigamos suponiendo que un candidato proponga que Colombia también podrá descertificar a Estados Unidos –así no tenga consecuencias de ninguna naturaleza- por el aumento del consumo de drogas en ese país, el fracaso de la política antidrogas y esencialmente, porque los gobiernos de Trump y los que antecedieron, no fueron capaces de combatir contundentemente el consumo, no le votan, porque las consecuencias económicas y políticas serían graves, estaría en riesgo la ayuda económica que recibe Colombia para la erradicación de cultivos ilícitos, es evidente que es más fácil unir cuentas bancarias y recursos económicos que unir ideologías en torno al respeto de nuestra manoseada soberanía y el atentado contra el medio ambiente con la pretendida aspersión de venenos que quieren imponer nuevamente para acabar con la flora, la fauna y la salud de los campesinos que viven en la miseria.

Los candidatos siempre hablan de las drogas, sin un debate franco y abierto sobre la necesidad de legalizarlas para acabar con el negocio del narcotráfico, porque si algún candidato llega a hablar en este sentido, no le vota ni su madre (la del candidato) seguramente con el raquítico argumento de que la juventud se acabará para siempre y que será el principio del fin del mundo.

Si un candidato propone que pondrá en cintura a los bancos para que no sigan abusando de los usuarios del sistema financiero, no le votan, porque los grupos privilegiados del poder económico del sector bancario lo impedirán y harán que los votos los obtenga otro candidato a través de la influencia mediática.

Muchos políticos ya han demostrado su incapacidad para dirigir a Colombia. Han fracasado. Se les pedía que llegaran a la sociedad para servir, paradójicamente, sólo se han servido, sólo buscan, salvo mejor interpretación, servir a los poderosos, la acumulación de poder, mantener sus cuotas y sus cuentas propias. Numerosos políticos y ciudadanos usan máscaras y disfraces hechos a la medida para aparecer como “probos y castos ciudadanos”, pero son tan endebles que no se atreven a decir lo que harán en caso de ser elegidos porque temen no ser votados.

Los ciudadanos con vocación política que quieren participar con honestidad intelectual y teniendo como fin el bien común, se sienten ética y moralmente impedidos de hacerlo, al entrar en contradicciones casi insalvables frente a las maquinarias electoreras, económicas, políticas y mediáticas. Hay que cambiar las pautas culturales de una sociedad hipócrita, deshumanizada y hasta perversa que no asume las realidades y que no ve que lo que necesita es la verdad y la viabilidad de propuestas serias para alcanzar un mejor país. ¡Hasta pronto!

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