Opinión: Carta a los Estudiantes Por: Mauricio Salgado – Esto no es un espectáculo de tus maestros. Es simplemente la urgencia de volver a un tiempo en que los hombres soñaban despiertos y en donde la solidaridad era la ternura de los pueblos. Sabed que todo esto lo hacemos por ti. Ahora sabéis cómo cobra sentido la academia fuera de las aulas en procura de ilustrar a los ciudadanos sobre los efectos colaterales de las malas decisiones políticas que vulnera derechos tan fundamentales como la educación. Eres el origen de mi lucha, la inspiración de mis pasos, el motivo de mis angustias – pues tengo un hijo estudiante -. No penséis siquiera que un desdén es el motivo de mi ausencia, te estimo lo suficiente como para profanarte y deseo siempre verte convertido en un pozo de sabiduría. ¿Acaso los medios se han ocupado de ti? ¿Te han entrevistado para saber lo que piensas? Eso no va a suceder, hijo mío. No contamos en una sociedad excluyente y ensimismada como la que nos dejaron los conquistadores torvos y se ha perpetuado desde la Colonia. Entiendo tu preocupación de ver tanta desolación en las aulas y eso sí que es un crimen para una sociedad civilizada. Podéis apreciar con desconcierto a los pupitres que esperan por una nueva generación y la pizarra aún con el último registro que compromete mi pensar. Cómo no echar de menos tanta vitalidad que me transmites, tus dudas que son también mis dudas, el brillo de tus pupilas que delatan tu asombro ante un nuevo descubrimiento, tu mirada analítica que pone en apuros hasta al más versado. Son tantas las cosas que extraño de vos que daría el sol por reencontrarme en ese tapiz de futuro que es el aula y entretejer conjuntamente un sueño para los hombres justos. RESISTE porque el reencuentro dará fe de lo que duele estar desprovisto del calor de aquellos que te aman… NUNCA aspiréis a ser un profesional de conciencia fría que utiliza su título como un arma de combate para aniquilar al débil e indefenso porque entonces mi lucha no tendría sentido. CONFÍA EN DIOS porque en medio de tanto desprecio de los gobernantes por su pueblo será incierta nuestra voluntad y sólo la mano divina nos sostendrá. RECUERDA quiero que llegues a ser tan educado hasta sentir el dolor ajeno como si fuere el vuestro. Espero en ti como el mar al río: infinito e incontenible.
Tu Maestro.Mauricio salgado Sánchez, Notas Urgentes – Mayo 2017 – Campoalegre