Opinion: CONVERSACIÓN ENTRE DOS CAMPOALEGRUNOS Por: Mario Parra
Esta es la conversación entre un escéptico y un convecido:
– ¡Marquitos!, trae dos tintos.
– No vendo tinto pero los consigo en el Café Europa.
– Está bien. Por cierto, estos negocios los quiere acabar el alcalde a punta de ley seca.
– No lo creo, el alcalde ha obrado de buena fe y está preocupado por la inseguridad de Campoalegre, además, es el único trabajo que tienen estos comerciantes y la verdad es que se deben tomar otras medidas para atacar la inseguridad. Vea Euclides, por desgracia el problema radica en la falta de responsabilidad que deben tener los padres frente a sus hijos.
– A la juventud de hoy les falta mano fuerte, garrote, rejo, así como nos educaron a nosotros.
– Euclides, usted parece que fuera belicoso, con violencia no se educa ni se reprende. Yo creo que hace falta sensibilizar a los padres y a los menores, pero sobretodo, impulsar campañas pedagógicas de prevención donde el diálogo sea un factor fundamental.
– Y cómo ves la farsa del proceso de paz.
– Sabía que me ibas a tocar el tema.
– Entonces, ¿qué quieres, Eduardo, que dejemos que Santos le entregue el país a las Farc?
– Mira, Euclides, ¿has leído los documentos del proceso de paz en Internet?
– Más o menos.
– Dicen que más o menos es un caucho, pero bueno… ¿En qué parte de los documentos dice que se está entregando el país a las Farc?
– Lo que me faltaba.
– Euclides, ¡tú, tranquilo! Piensas lo que quieras, pero no te ofendas. Precisamente, ese desconocimiento tuyo es común en muchas personas que sólo hablan por hablar sin argumentos serios, solo se basan en la rumorología y repiten como loros lo que dice la oposición.
– Pero, es que no vamos a permitir que el campesino, el agricultor, el ganadero, queden en manos de las Farc.
– Euclides, ¿sabes cuál es la política agraria acordada en la Habana?
– Más o menos.
– Le recomiendo que leas el punto 1 del acuerdo sobre el tema agrario. Este acuerdo persigue el desarrollo agrario integral como determinante para impulsar la integración de las regiones y el desarrollo social y económico equitativo del país.
– Yo no creo en tanta belleza.
– Mira bien, Euclides, porque te estás quedando sin argumentos. Le resumo lo acordado en la Habana respecto al tema agrario: 1. Acceso y uso de las tierras; 2. Programas de desarrollo con enfoque territorial; 3. Infraestructura y adecuación de tierras; 4. Desarrollo social en salud, educación, vivienda, erradicación de la pobreza; 5. Estímulo a la producción agropecuaria y a la economía solidaria y cooperativa: asistencia técnica, subsidios, crédito, generación de ingresos, mercadeo y formalización laboral y 6. Sistema de seguridad alimentaria. Euclides, este acuerdo donde se aplique integralmente, es una verdadera reforma agraria; reforma que ningún gobierno quiso sacar adelante durante décadas porque el sistema y las élites no se lo permitían y además, porque no existió voluntad política. El único que intentó hacer algo fue el expresidente Carlos Lleras Restrepo y como usted bien lo sabe, Campoalegre fue el municipio más beneficiado con esas políticas de reforma agraria de aquella época.
– Sigo sin creer, ¿y eso de la política agraria cuándo será?
– No joda Euclides, tu eres el campoalegruno más negativo que me he encontrado. No haces más que buscarle tres patas al gato para justificar tu incredulidad. Cambia de disco ya y suelta de una vez el escepticismo.
– Pero, ¿quién le va a creer a ese traidor de Santos y su paz?
– Déjame explicarte algunas cositas, Euclides: Si Santos es un traidor por buscar la paz, no creo que haya traicionado al pueblo colombiano porque la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento, de manera que el Presidente, al igual que todos los colombianos, debemos acatar y obedecer ese principio constitucional. Entonces, la pregunta es: ¿A quién traicionó Santos? Ni siquiera a Uribe porque ambos pretendían acabar con las Farc; Santos lo está logrando con la paz porque las Farc, eventualmente, desaparecerían como grupo insurgente y Uribe, con la guerra; con una guerra absurda cuyo resultado fue desastroso. Euclides, no sobra decirte que mientras en el mundo la paz es un hecho irreversible, en Colombia existen egos malévolos que satanizan el proceso de paz. Por eso, lo mejor es no dejarnos embaucar por el discurso populista y perverso de los enemigos de la paz. Seguir oponiéndose, porque sí, a un proceso a todas luces irreversible, no parece lo más sensato.
– De todos modos no creo en la paz de Santos.
– Sigues sin argumentos, Euclides. La paz, tendrá que ser mucho más que una simple firma en un papel. Valga la pena decirte, que desde niños nos prepararon para la guerra y no para la paz, para el disenso y no el consenso, para la confrontación y no la reconciliación. Queremos que se acabe la guerra y no sigamos matándonos.
– Yo creo, que eso es mejor seguir recogiendo firmas para demostrar resistencia civil.
– Pero Euclides, ¿no crees que eso es contradictorio? Hablar de resistencia civil implica aborrecer la violencia e irónicamente se está utilizando para hacerle oposición a la paz. Euclides, usted en verdad quiere la paz ¿sí o no?
– Es evidente, pero una paz sin impunidad.
– Euclides, cómo explicarte que esto no es un proceso penal sino un proceso de paz. Ningún guerrilero se sienta a la mesa a negociar para que le metan 30 o 40 años de cárcel, eso es absurdo. La guerra no produce sino pérdidas y por eso se ha optado por el camino de la negociación para que este país salga del atraso y se acabe con el dolor, el sufrimiento y derramiento de sangre. Me estoy convenciendo de que usted es proclive a la violencia y en realidad, me parece muy raro en usted.
– No es eso Eduardo. Lo que pasa es que a Santos no lo queremos y merece que renuncie.
– ¿El problema tuyo es Santos o la paz?
– Ambos.
– O sea, usted quiere que la guerra continúe otros 50 años.
– ¿Qué qué?
– Eso, Euclides… Pareciera que alguien le tiene miedo a la paz y a la verdad.
– ¿Se refiere a Uribe?
– Y a quién más. Recuerda que en su gobierno se cometiron actos de barbarie, crímenes de lesa humanidad, como los horrendos “falsos positivos”. Habrá verdades que terminarán por destaparse. Euclides, mejor acepta este consejo: revalúa tus convicciones, dile no a la guerra y sí a la paz.
– No creo que lleguemos a vivir en paz.
– Es imposible hablar con un “negado”. Hay que ser optimista Euclides.
– La realidad será otra, téngalo por seguro, Eduardo.
– Bueno Euclides, hasta aquí llegamos. Sólo le pediré a Dios que te dé sabiduría para que recapacites y tomes la mejor decisión para tu bien, el bien de todos y por el bien de Colombia.
Mientras caminaba a casa meditaba: “Convercer a este viejo huevón es tarea difícil, igual de terco a su jefe natural”. Bueno o de viejo h…, lo digo afectuosamente, pues al fin y al cabo, Euclides es buena gente, sólo falta que Dios lo convierta del escépticismo. ¡Hasta pronto!