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Opinión De Mario Benedicto Parra: Envíen foto del tractor

Es evidente que el práctico pretendiente había desviado su verdadero propósito, pues le interesaba era obtener un tractor antes que buscar en la relación el amor, el sentimiento, el romanticismo.

El utilitarismo es una doctrina moral y filosófica que tiene como objetivo último la utilidad. Según esta teoría, lo útil ha de constituirse en el principio supremo que conduzca la actividad política, social y económica. En otras palabras, el utilitarismo propugna por el bienestar colectivo o general.

El filósofo inglés Jeremías Bentham en el siglo XVIII decía que para los utilitaristas el bien que se debía perseguir era de carácter colectivo y el utilitarismo debía eliminar los obstáculos opuestos al bienestar de la mayor parte de los ciudadanos. Posteriormente, en el siglo XIX, el filósofo de origen escocés John Stuart Mill, decía que entre su propio bienestar y el de los demás, el utilitarismo exige del individuo que sea tan rigurosamente imparcial como un espectador desinteresado y benevolente.

El problema es que hoy el utilitarismo ha perdido su esencia y se ha tergiversado el concepto de “utilidad” por el del bienestar del “yo”, el bienestar de los “míos”, el bienestar de mi “círculo”. Se ha modificado sustancialmente el utilitarismo del bienestar colectivo por el utilitarismo personal.

En lugar de decir: “Interesadas envíen fotos del tractor” de forma interesada, lo que debió priorizar fue la relación de amistad o sentimental, pero la obsesión por la utilidad nos lleva muchas veces a no reparar en la naturaleza de los medios que utilizamos para conseguir los fines.

Ha llegado hasta tal punto el utilitarismo personal del Gobierno, que con tal de obedecer y satisfacer las órdenes del presidente norteamericano Donald Trump y  enriquecer, aún más, a las grandes multinacionales productoras de glifosato, insiste en la aspersión aérea sobre cultivos ilícitos, cuyo costo es de 70 millones de pesos por hectárea. Este costoso procedimiento no parece que sea la solución para enfrentar el problema. Colombia lleva 30 años luchando contra los cultivos ilícitos y la solución, está demostrado, no es envenenando, lo mejor es insistir en la erradicación manual y voluntaria con inversión social y presencia del Estado en aquellas zonas de Chocó, Nariño, Putumayo y Norte de Santander, ahogadas en la pobreza y desigualdad, de esta manera los campesinos tendrán una opción real de subsistencia.

Expertos de varios países señalan que el glifosato produce cáncer, aumenta la mortalidad infantil y genera problemas respiratorios y dermatológicos. De igual modo, afecta las fuentes de agua, vegetación y animales.

Vemos entonces cómo el utilitarismo colectivo brilla por su ausencia en lo que es realmente importante: La problemática social del campesino, el abandono de los campesinos por parte del Estado y la falta de políticas frente al sector agropecuario.

Aunque muchos agricultores aseguran que de hecho el glifosato es usado con frecuencia en los cultivos para acabar con la maleza, pocos se han preguntado por qué tantos tipos de cánceres actualmente en personas de todas las edades. ¿Vale todo con el fin de conseguir utilidad personal? ¡Hasta pronto!

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