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Opinion

Opinión De Mario Benedicto Parra: La guerra y la Navidad

Opinión De Mario Benedicto Parra: La guerra y la Navidad – Decía el filósofo suizo Jean-Jacques Rousseau: “El hombre que no conoce el dolor no conoce ni la ternura de la humanidad ni la dulzura de la conmiseración”. En estas fiestas de Navidad creo que nadie puede ser ajeno al dolor de la humanidad. Hay tantas realidades que están mal en este mundo, que solo quien no sabe amar, puede ser indiferente a todo lo que nos producen estas fiestas: alegría y felicidad para algunos, tristeza y dolor para otros.

Imagino cómo será la Navidad de los niños de la franja de Gaza y de otras regiones en guerra: amarga, cruel, triste, horrible, catastrófica, infame, injusta, espantosa, terrible, dura, desastrosa.

Mientras observamos por televisión escenas devastadoras de niños muertos, el sufrimiento de tantos niños inocentes, niños que se han quedado huérfanos, niños mutilados, hospitales, escuelas, viviendas destruidas, también vemos cómo muchas personas no se inmutan ante esas escenas aniquiladoras y ruinosas.

Cuántas vidas destruidas en una guerra y conmueve que las víctimas sean niños. ¿Quién se puede atribuir el derecho a mutilarlos, matarlos o dejar sus vidas marcadas para siempre? Hay que prevenir las guerras y, cuando se desencadenan hay que pararlas.

Maldita guerra, solo genera dolor, muerte y odio. Y, sobre todo, mantiene en el mundo la idea de que la guerra es la forma de solucionar conflictos. La guerra es un atentado contra el género humano, pero lo es especialmente contra los niños y las niñas. ¿Qué han hecho para ser víctimas o testigos de esa increíble brutalidad?  La guerra es nefanda sólo nos muestra el cruel y estúpido método para resolver los conflictos.

En esta Navidad sólo habrá para los niños de la guerra miedo y horror. Miedo a la muerte, al hambre, a la enfermedad y horror a las bombas y a la destrucción de viviendas. La guerra es horrible; sus secuelas son aterradoras e indescriptibles. La guerra y la Navidad se rechazan como fuerzas opuestas. ¿En nombre de qué Dios se puede robar la Navidad a estos niños? ¿En nombre de qué causa se les puede arrebatar sus derechos? Derecho a la paz, a la seguridad, al alimento, a un techo, a la educación, a ser a queridos, a ser protegidos.

Me focalizo en los niños y las niñas porque la Navidad es una celebración especialmente suya. La cristiandad celebra el nacimiento de un niño Dios y la cultura ha incorporado esta fiesta a sus tradiciones más significativas que los niños y las niñas viven con enorme ilusión.

Pero no solo hay guerra en la franja de Gaza, hay más puntos infernales cargados de conflicto y de dolor en esta amarga Navidad: Ucrania, Siria, Yemen, Afganistán, República Democrática del Congo, Sudán del Sur, entre otras regiones. ¿Qué nos está pasando, entonces? Ojalá que la Navidad avive en todos los seres humamos ese núcleo de bondad, de solidaridad y compasión hacia nuestros semejantes que es consustancial a nuestra condición humana.

Pero además de las guerras con armamento hay otras guerras sin armas físicas: injurias, calumnias, desigualdades, injusticias, atropellos, dominación, odio, rencor. Estos días nos debieran ayudar a reflexionar y a pensar en los otros seres humanos como personas con la máxima dignidad y los mismos derechos.

En definitiva, tenemos que sentirnos comprometidos en la construcción de un mundo más justo, más habitable, más hermoso. Tenemos que enfocar la educación como un proceso que nos haga capaces de pensar y de convivir. Es decir, que vaya encaminada a preparar personas solidarias, compasivas y justas.

¡Les deseos, queridos lectores y a sus familias, una feliz Navidad y un año 2025 en el que se hagan realidad todas tus ilusiones!

¡Hasta pronto!

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