Opinión De Mario Benedicto Parra: La mentira como arma política (parte 1)- ¿Creemos lo que nos dicen los políticos? ¿Sabemos cuándo nos mienten y cuándo nos dicen la verdad? Y, cuando descubrimos que nos han engañado, ¿cómo reaccionamos?
Cuando la mentira se disfraza de verdad tenemos un doble problema para descubrirla porque, como se sabe, las apariencias engañan. Los ilusionistas de la verdad manejan con soltura esos disfraces. El ilusionista es una persona que hace juego de manos, utiliza métodos de confusión, maneja artes evasivas y otros trucos de magia para producir ilusiones de los sentidos.
No me gusta esa descalificación general de la clase política que los mete a todos en el mismo saco: todos mienten siempre, como si su oficio fuera mentir, como si la mentira fuera uno de sus atributos esenciales, como si se diese por bueno que la mentira es consustancial al oficio de ser político. Y no. Preocupa esa perversa concepción, duele que la gente piense que, a la hora de conseguir el voto o de persuadir al ciudadano de la bondad de sus planteamientos y acciones tergiverse siempre los datos y manipule la realidad en su beneficio como ha sucedido con muchos temas de importancia para el país y la Nación.
Sería agradable que el político fuese una persona creíble y fiable, porque para eso hemos depositado en él nuestra confianza a través del voto. No me gusta que se le identifique como un mentiroso compulsivo, como una persona que engaña desde una posición privilegiada.
Hace mucho daño a la política en decir en cada momento aquello que conviene para negarlo plenamente cuando convenga decir lo contrario. Podemos cambiar, podemos decir en un momento algo y luego desmentirlo, pero entonces se explica el porqué del cambio de posición.
Hay muchas formas en las que – no solamente los políticos- se puede hacer prestidigitación de la verdad:
Ofrecer una parte de los datos que resulta beneficiosa y ocultar otra que es desfavorable. Decir hoy algo que el día anterior se negaba con rotundidad. Ocultar una realidad que se conoce e incluso negarla. Prometer algo que, a ciencia cierta, se sabe que no se puede realizar. Negar una evidencia cuya aceptación tendría consecuencias negativas. Utilizar eufemismos que conducen al engaño, ya que esconden la verdadera realidad. Sacar frases fuera de contexto y manipularlas en función del propio interés.
¡Hasta pronto!