Opinión De Mario Benedicto Parra: Las trampas idolátricas de la política –Recorremos por estos días la escabrosa y pintoresca geografía política de nuestros días. Insultos, intrigas y agresiones de toda clase llenan con su desenfrenada y claroscuro absurdidad, el vacío y la nimiedad propositiva de plataformas programáticas y líderes henchidos de soberbia y fatuidad. Toman cuerpo y forma las sutiles ironías, el banal y fantasmagórico mundo de la pasarela, el glamour y el cotilleo electoreros. Vemos tan singular espectáculo: Impresionar, llamar la atención, complacer, fingir, adular, ser flexive, ambivalente, amorfo, misterioso e impredecible; combinar hipocresías, temores y avideces con una aparente audacia y generosidad: manejar el arte de la intriga y la oblicuidad.
Controlar el disenso y la divergencia a través de “divide y reinarás”, “desorientar” -si no logras convencer, confúndelos-; huir del anonimato sin perder el “sentido común”, animar al electorado apelando a la compasión y extorsionándolo con deudas de gratitud; convertir la capitulación y las alianzas “estratégicas” en instrumentos de poder; confundir la genialidad con el esfuerzo y la perseverancia; encandilar con el fuego fatuo de la imaginería y la idolatría, ser excéntrico, desconcertante, patético, hiperbólico y dramático; dar testimonio ejemplar de moral y ética, eficiencia y corrección; aparentar solvencia y sobradez; menospreciar a los que piensan diferente.
Apelar a la exageración gestual, la espectacularidad, el aparente dominio y grandilocuencia; jugar con las expectativas de la gente -ser un encantador de tigres-; tomarse en ese ser mesiánico a quien hay que creer, tener fe, obedecer y hacer sacrificios; desterrar críticos y detractores; manipular principios, valores, sentimientos y emociones; ser un liberal muy conservador o un godo muy revolucionario; reconocer defectos y admitir vicios inocuos que los conviertan en un mortal más y lo alejen del acecho silencioso del enemigo envidioso; usar espejos refractarios para que sean los demás los que juzguen las debilidades de otro.
¡Hasta pronto!