Opinión De Mario Benedicto Parra: Llegar a viejo se ha vuelto un problema


Opinión De Mario Benedicto Parra: Llegar a viejo se ha vuelto un problema – En Colombia se ha vuelto costumbre utilizar de manera peyorativa la palabra “viejo” para desmerecer a las personas que pasan de 60 años. Es común escuchar expresiones como: “viejo loco o vieja loca; viejo sinvergüenza; viejo cacreco; viejos ridículo; vejete; jurásico; caduco; prehistórico; etc.

La sociedad trata de sacarlos de circulación y hasta los convierte en personas de segunda categoría. Se los mira como una carga para las arcas públicas, aunque, políticamente, se les tiene en cuenta en función del voto que se espera conseguir de ellos. Hay personas que no son conscientes de que algún día también llegarán a viejos.

El médico español José Manuel Ribera Casado, en su libro de 1995, “El Anciano desde el punto de vista biológico”, expresa: “Los sinónimos de la palabra viejo son 22 y para el vocablo anciano, 33. Quizás son más y la mayor parte de ellos son utilizados como insultos o expresiones peyorativas”.

En otras culturas los viejos son valorados, tenidos en cuenta por la sociedad. Pero ser viejo en nuestro entorno es ser menospreciado y relegado. La vejez debe ser motivo de orgullo para la sociedad, por cuanto los senectos como también se les llama, son los depositarios del saber. En otras palabras, la vejez representa la sabiduría, el archivo histórico de la comunidad. Alcanzar edades avanzadas significa un privilegio, una hazaña.

La vejez está más en la mente que en el cuerpo. Mientras tengamos ilusiones y propósitos, no hay por qué sentirse viejo, en el sentido despectivo de la palabra. La vejez es el precio de estar vivo y de eso no hay duda. Por eso es indispensable nunca dejar de soñar.

Notemos cómo Goethe, terminó de escribir “Fausto”, novela clásica de la literatura, a los 80 años y que Tiziano había cumplido 98 y seguía pintando obras maestras. Cervantes, escribió la segunda parte del “Quijote” a los 68 años. Tomás Alva Edison de 83 años, no lo podían sacar de su laboratorio donde se pasaba las horas y los días realizando inventos que ahora nos facilitan la existencia. José Saramago, tenía 60 años cuando escribió su primera gran novela “Levantado del suelo” y a los 76 años obtuvo el Premio Nobel de Literatura. Esto me anima ahora que estoy envejeciendo y apenas estoy aprendiendo andar en bicicleta.

Con el pasar de los años es normal que los diferentes órganos y sistemas van a sufrir alteraciones y no todos envejecemos igual, eso depende muchos factores, entonces, no importa tanto que de repente nos ataque el dolor en la rodilla o que necesitemos lentes que parecen fondos de botella, ¿y qué tiene de malo? La próxima década, a los 70, tal vez sea con bastón o que el cabello se desaparezca de nuestra cabeza dejándola redonda y lisa como una bola de billar, ¿y cuál es el problema? Ninguno de esos problemitas es importante realmente si en tus ojos y tu mente, brilla poderosamente la luz de una ilusión, la voluntad de hacer tantas cosas que tienes pendientes. ¿Morirme? ¡Eso sería lo último que haría en la vida!”

¡Vieja la Cordillera Oriental que veo desde el Parque Los Fundadores de mi pueblo y todavía reverdece!; viejos, los muñecos de “Año Viejo”; el continente europeo; los Zapatos Viejos de Cartagena; el Ron Viejo de Caldas; Tolú Viejo; Caballo Viejo, el Viejo Testamento; el Viejo Caldas; vieja, la cédula, pero el alma nunca envejece. “Viejo” es una la palabra que merece dignidad y reconocimiento.

 Me despido con este proverbio de Sófocles: “Los que en realidad aman la vida son aquellos que están envejeciendo”. ¡Hasta pronto!

 

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