Opinión De Mario Benedicto Parra: Si desconfía, cambie de canal y dial – Ante las circunstancias que vivimos en este tiempo, se ha interpretado la necesidad de tener unos medios de información responsables, respetuosos, serios, decentes y reflexivos. La mayor parte de la gente se mueve con la información: lo que le dicen y la forma como se lo dicen.
Así que la responsabilidad de los medios es enorme por cuanto sus contenidos influyen en el modo como se percibe la vida y la forma como se reacciona ante ella. Esos contenidos provocan dos reacciones distintas: emoción o razón. Cuando las noticias son serias, argumentadas, desapasionadas y sin viso de espectáculo, pueden ser analizadas y entendidas desde la razón. Pero cuando están cargadas de espectáculo, cortinas de humo, lágrimas, lamento, miedo, cumplen con las características que afectan las emociones y no la razón, y así se logra que la gente no tenga información objetiva para entender lo que está pasando, sino sentimientos exacerbados para reaccionar ante lo que pasa.
Y de este modo el público es fácilmente manipulable por los intereses de quienes necesitan mover a la gente de un lado a otro e incitar a que reaccione de determinada manera. Hoy, la gran mayoría de medios de información en el mundo -incluido nuestro país- están en manos de binomios económico-políticos que mueven los sentimientos y no el pensamiento ni la reflexión del público, de acuerdo con sus necesidades, no con las necesidades de la sociedad.
Así que cada vez son más continuas las quejas del público colombiano ante los medios tradicionales o corporativos. Existe un progresivo descontento ante lo que informan, especialmente, por la forma como lo hacen. Las entrevistas en la radio informativa son tendenciosas, atacan infamemente al entrevistado, lo que hace perder el interés por lo noticioso. Sobre los noticieros de televisión no merece la pena hablar, el show, el escándalo o lo insulso parece ser la única manera de presentar la información; y cuando no, son simplemente noticieros que repiten un tema central en todas sus emisiones y durante días.
Ante este desastre informativo se salvan un poco algunos medios escritos. Solo que existe un problema: a la gente poco le gusta leer y de los que leen, pocos entienden lo que leen. Por eso, muchos prefieren solo datos de información escrita de los periódicos, sin contexto ni explicación; y otros de información que solo exacerba las emociones, pero no la razón. De esta manera, se obtiene una audiencia manipulada, adoctrinada, engañada en su firme creencia de estar bien informada.
A pesar de ese sentimiento de bancarrota anímica generalizada hay noticias que arrojan un haz de esperanza cada día, así que he decidido buscar cada día dos o tres noticias buenas.
Así las cosas, ya saben: lean, vean la tele, y escuchen la radio y después dediquen cinco minutos a pensar qué podemos hacer para cambiar esta situación. Si, por el contrario, no les interesa pasar un mal rato cuando vean o escuchen algo sobre los datos de un nuevo barómetro, cambien de canal y dial.
¡Hasta pronto!