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Opinión De Mario Benedicto Parra: Tírate a Campoalegre

Opinión De Mario Benedicto Parra: Tírate a Campoalegre – Si tienes unos días libres y no sabes dónde ir, tírate a Campoalegre. Está cerca de Bogotá, Ibagué, Florencia, Neiva, Rivera, Hobo, Algeciras, Gigante, Garzón, entre otros muchos municipios y ciudades de nuestra querida patria y allí encontrarás algo que te va a gustar en el puente festivo que se avecina: Las Fiestas del Arroz, el Festival Folclórico, los desfiles y las actividades culturales que colman de público las calles y los escenarios donde se desarrollan los espectáculos.

Las Fiestas de Arroz, como la llamamos los campoalegrunos sin tantas expresiones idiomáticas, hace sostenible la identidad campoalegruna a lo largo de los tiempos, recreando y acrisolando, cada año, nuestras tradiciones, creencias, leyendas, costumbres y expresiones culturales.

Doy pausa a mi decisión de comentar lo que pasó con la ausencia del evento más impotente de las Fiestas, el Festival Nacional de Música Andina Colombiana “El Baja cocos”, por falta de respaldo económico; hecho que desilusiona, desdibuja la autenticidad del folclor campoalegruno y huilense. Dejar a un lado este evento, aleja cada vez más a  las futuras generaciones de nuestra identidad campoalegruna por alegorías que no nos representan y que falsean la asociación o mixtura histórica, musical, costumbrista y, en suma, la complejidad cultural que, en toda la extensión de nuestro territorio, debe expresa aquellos fines misionales para parar la decadencia cultural y la deformación de nuestras festividades por música de ruido desaforado y sin riqueza sociológica, antropológica o del patrimonio histórico cultural de los campoalegrunos.

Pero sigo ocupándome mejor en las Fiestas del Arroz para no seguir con esta disrupción prospectiva, tarea casi tan solitaria como inútil para cambiar las realidades porque en medio del rigor de las agendas políticas y económicas, la cultura suele quedar relegada a un segundo plano.

Este pueblo de atardeceres espléndidos, que luce siempre un cielo azul en el horizonte, donde en las madrugadas se escucha el canto melodioso de las aves, está de fiesta. Son unas festividades para brindarle alegría a los pobladores, destacando sus valores y, sobre todo, dándole identidad a Campoalegre en el contexto regional y nacional.

Cuando se observa el horizonte desde el parque principal, su paisaje tiene tonalidades diferentes. Es la postal que pinta de azul, verde y blanco lo que la vista alcanza; es el olor de los arrozales y cafetales y el verde claro de las matas de plátano que le dan sombra a los cultivos de café. Mientras en la zona urbana se siente el viento que sopla desde la cordillera oriental, en la parte rural ese viento mece las hojas de los árboles creando una sinfonía de sonidos que se mete en el alma. Así es el paisaje de este pueblo huilense que duerme arrullado por el sonido del agua que corre rumorosa por sus quebradas y ríos.

Mi pueblo, Campoalegre, está de fiesta. Mi bella Campoalegre que cada 14 de agosto desde 1809 cumpleaños, hoy solo tiene parte del corazón de los todos los campoalegrunos distribuidos por el mundo. Ese pedazo de tierra que llevo cosido al alma lo he convertido en mi referente literario. Le escribí una Antología poética. Este es el legado que le dejaré a mi pueblo cuando la muerte me lleve. Finalizo estas evocaciones con estas palabras: “Cuando voy a Campoalegre dan ganas de quedarse allí. Llano Grande es el lugar perfecto para instalar un velador, perder la vista en el horizonte y hacerse filósofo”.

¡Hasta pronto!

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