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Opinión De Mario Parra :  “Lutero, el hombre que dividió la Iglesia”

Opinión De Mario Parra :  “Lutero, el hombre que dividió la Iglesia” –  El pasado 31 de octubre se celebaron 500 años de la reforma protestante iniciada por Martín Lutero. Aquel día de 1517, Lutero colgó en la puerta de la iglesia de Wittenberg  95 tesis que cambiarían la historia del mundo dando origen a lo que hoy se considera el  protestantismo. En dos semanas, sus normas o tesis, recorrieron toda Alemania, y en un mes ya se conocían en toda Europa.

Lutero, nació en Eisleben Alemania en 1483 y murió en 1546. De familia campesina acomodada, se graduó como maestro en artes a pesar de que su familia quería que fuera abogado. Ingresó a la comunidad Agustiniana donde fue ordenado sacerdote en 1507 y se convirtió en doctor en teología en 1511, a partir de lo cual se dedicó a la enseñanza de la filosofía, la teología y la exégesis bíblica.

Lutero desempeñó un papel fundamental en la reforma protestante, desafío a la autoridad del papado al afirmar que la Biblia era la única fuente de autoridad religiosa. Lutero decía que la salvación sólo podía adquirirse a através de la fe en Jesucristo y no requería necesariamente de la asistencia a la Iglesia, obviamente, esta reforma avivó el descontento entre los católicos del mundo.

La Reforma permitió que la gente se diera cuenta de la mercantilización de las prácticas religiosas de la iglesia católica, en especial, la venta de indulgencias para la salvación de las almas o una rebaja de las penas del purgatorio. En aquella época se vendía la idea de que las personas se podían salvar pagando un buen precio, lo que convertió a la Iglesia en mercaderes de paraísos.

La sociedad estaba ciega espiritualmente, engañada por quienes se proclamaban líderes espirituales. Dios no trajo al mundo religión alguna sino la oportunidad de tener una relación con él. La reforma protestante ayudó a quitar el velo para entender el verdadero significado del evangelio de Dios y no del evangelio del hombre. Este gesto de Lutero fue el inicio de un movimiento que llamó la atención sobre la urgente necesidad de regresar al cristianismo puro, original.

En nuestros días, guardadas las diferencias de modo, tiempo y lugar, paraciera estar ocurriendo algo similar en Colombia. Hay un grueso número de pastores que parecen culebreros, muestran un Dios vengador, amenazador y desarrollan su negocio con fines lucrativos, es decir, igual que en aquellas épocas oscuras, se convirtieron en comerciantes de la fe. Vemos cómo cada día se denuncian casos de corrupción en algunas iglesias cristianas evangélicas.

Esto deberá cambiar, de lo contrario, se abre paso para que surga un nuevo Martín Lutero que se revele contra las indebidas prácticas y abusos de algunas iglesias evangélicas, para que dejen a un lado el montaje económico y el clientelismo político-espiritual mediante el cual están promoviendo campañas políticas para hacer trizas los acuerdos de paz. Les queda mejor mostrar a un Dios de amor, un  Padre comprensivo, pregonar la paz de Jesucristo y no la guerra. ¡Hasta pronto!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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