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Opinion

Opinión de Mario Parra – Por la gorra y la política del odio

Opinión de Mario Parra – Por la gorra y la política del odio – Mientras los colombianos estamos hablando de paz y reconciliación, según lo demuestran las últimas encuestas a la presidencia de la República, donde los más opcionados candidatos son defensores del proceso de paz y hemos comenzado a poner en práctica las orientaciones que el Papa nos dejó como la convivencia pacífica, buscar un nuevo camino y dejar la cizaña, aparecen dos personajes fácilmente identificables del CD que se caracterizan por su fanatismo político: Juliana Hernández y Alfredo Ramos Maya.

Juliana Hernández, esposa del congresista Ramos Maya, armó todo un alboroto a bordo de un avión por culpa de su retorcida mentalidad al ver que a su lado viajaría un ex miembro de la Farc. Supuso la dama de sangre azul y estrato 20 que el pasajero era exfarc solo por el hecho de llevar una gorra verde con una estrella roja. Pero, resulta que se trataba de un docente de 75 años, jubilado y además, coleccionista de gorras a quien después esta damisela tuvo que pedirle disculpas por su malintencionada difamación.

A esta señora hay que decirle que se tome unas dosis de espirulina para que deje a un lado la intolerancia y la discriminación y de paso, abra su mente a la nueva realidad de este país para que se dé cuenta que estamos tratando de cerrar las heridas que surgieron de 52 años de violencia.

Como si fuera poco, Alfredo Ramos Maya, apela a la política del odio, agita las banderas del odio y la discriminación, hace un llamado a “sancionar socialmente” a los exguerrileros de las Farc y promulga escuetamente estas lapidarias palabras: “Que les de pánico salir a la calle porque los colombianos los aborrecemos”.

El congresista de marras anda confundido, los exguerrilleros no son aborrecidos por todos los colombianos, solamente por fanáticos y desaptados sociales como él y su esposa. Ningún ser humano merece ser aborrecido, ellos merecen al igual que otras personas, otra oportunidad, pues no cabe duda que se trató de una guerra que no se inventaron y que tuvieron que afrontar durante largos años por negligencia de la clase politiquera que ha gobernado corruptamente este país. ¿Le gustaría a Ramos Maya que alguien dijera públicamente que a su padre le debe dar pánico de salir a la calle porque los colombianos aborrecemos a los involucrados en parapolítica? ¿Le encantaría a Ramos Maya que le gritaran en la calle que los colombianos aborrecemos a todos los parapolíticos y paramilitares, incluidos Uribe,  el primo de Uibe y el hermano de Uribe? Basta ya de tanto odio y polarización.

Hay numerosos enfermos mentales que aborrecen a los seres humanos. Y así como Hitler aborreció a los judíos, también hay quienes aborrecen a los pobres, a los campesinos pobres despojados de sus tierras, a los indígenas, a los afrodescendientes y a los que se usan gorras con la sospecha de que son exguerrilleros.

Los hechos provocados por los esposos Ramos y Hernández, merecen el rechazo social de los colombianos, pues se trata de mensajes que incitan a la violencia y al odio. Ahora no se conforman con las mentiras y las falsas expectativas, sino haciendo alarde de su pervertida imaginación. Así es como han inventado toda una trama de acusaciones torpes contra los acuerdos de paz, que no sostienen con argumentos serios.

El problema es que la difamación causa daños irreparables como el causado al docente y decente señor jubilado de la gorra, máxime en un medio como el nuestro que cuando los rumores se extienden, para los de mente superficial, son verdades absolutas. Tan persuasivos pueden ser los difamadores que sin conocer al señor de la gorra lo convierten en víctima de sus malévolos pensamientos como ocurrió en este caso.

Ahora comprendo, el daño que hace una falsa acusación, lanzada a los colombianos para que le sigamos el juego a la difamación y permitir que este método se convierta en una práctica habitual de hacer política.

En adelante, habrá que pedirle permiso a los desaptados del Centro Seudo Democrático para usar una gorra, no vaya y nos encasillen como exguerrileros y nos juzguen con prejuicios simplistas como de costumbre. ¡Hasta pronto!

 

 

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