Opinión: ¿Hasta Dónde Llegaremos? – Por: Mario Parra – La ONG Transparencia Internacional con sede en Berlín, evalúa anualmente la corrupción global y en el úlltimo informe de percepción de la corrupción que dio a conocer, Colombia ocupó el deshonroso puesto 90 entre 168 países en 2016. Desde que ésta organización comenzó a medir la corrupción en 1993, Colombia nunca ha tenido una calificación decente, lo que evidencia que somos un país corrupto por dónde se le mire.
El principal problema que siempre hemos tenido los colombianos es la corrupción, ésta se estima en 25 billones de pesos anuales que se roban los corruptos, equivalente a seis veces la última reforma tributaria. Con toda razón muchos ciudadanos de nuestra querida patria dicen que la corrupción le ha hecho más daño al país que todos los movimientos guerrilleros –y aún muchos preguntan porqué existen las guerrillas-. Pareciera que nos acostumbramos a la corrupción como si hiciera parte de la condición humana y que hayamos perdido la capacidad de asombrarnos ante tantos casos que ocurren permanentemente.
Todos hablan de corrupción pero nadie hace nada por combatirla, observemos que no hay partido político que no esté cuestionado por la corrupción, igualmente, servidores y exservidores públicos de todas las ramas del poder que no estén enredados por hechos de corrupción. Lo más triste es que seguimos mirando para otro lado creyendo que la recolección de firmas para convocar a un referendo como lo proponen Claudia López, Sergio Fajardo, Antonio Navarro y Jorge Robledo, como medida tendiente a combatir la corrupción, nos va ayudar a salir de esta difícil situación que los colombianos estamos metidos hace mucho tiempo.
Qué ejemplo nos pueden dar algunos personajes de la vida política, basta mencionar al exprocurador Ordoñez; es increíble que alguien que fue destituido de la Procuraduría por corrupto ahora venga a dar clases de ética. Nadie cree en los procesos de selección por concursos de méritos, es el caso de los contralores departamentales y personeros municipales; no se cree en la policía, seiscientos policías corruptos fueron retirados de la institución en el 2016; no se cree en la justicia penal, señalada de inoperante y allanada por la impunidad; no se cree en los dirigentes políticos; no se cree en los “honorables” congresistas, en fin, ya no se cree en nadie ni en nada.
Con qué autoridad moral piensa el Centro Democrático luchar contra la corrupción, si el director de ese Partido, Fernando Londoño Hoyos, es un corrupto que no ha devuelto los dineros de Invercolsa y su creador, es un adicto a los escándalos y defensor de los fugitivos de su gobierno. No más cuentos electoreros, toda Colombia sabe que son corruptos, manipuladores perversos de la verdad. La disparatada iniciativa del CD de presentar un proyecto de ley anticorrupción después del sonado caso Odebrecht, no tiene presentación moral ni explicación alguna, la palabra corrupción en boca de Uribe y sus amigos del CD, se vuelve banal, indecente, sin contenido. Es claro que se les acabó el tema de la guerra y de las Farc como arma electorera y ahora pretenden utilizar la corrupción como eje de su campaña electoral. Nuevamente viene la “trampa”. ¡Qué descaro y cinismo!
Por el lado de Cambio Radical, las cosas no andan nada bien, su desprestigio ha llegado lejos debido a los golpes que ha recibido por cuenta de los escándalos de corrupción de sus miembros en el departamento de la Guajira: los exgobernadores Kiko Gómez y Oneida Pinto y del alcalde de Riohacha, Fabio David Velásquez. Han sido 15 congresistas de Cambio Radical que están en la cárcel por orden de la Corte Suprema de Justicia por corruptos y por vínculos con el paramilitarismo.
En la Guajira, la mortalidad infantil se debe a los peculados, a la celebración indebida de contratos y a la falsedad en documentos público y privado, cometidos por los políticos que se robaron el dinero destinado a la alimentación de los niños, porque lo que sí debe quedar claro es que el gobierno central ha cumplido con el giro de dichos recursos oportunamente a todas las regiones del país, pero los corruptos de la Guajira disponen de ellos como les de la gana, la mortalidad infantil no les importa.
Para remediar esta situación se requiere de “cambios fundamentales” y se debe empezar por casa, arrancando de raíz con la mentalidad proclive a la corrupción, difundiéndole a nuestros hijos hábitos de lealtad, responsabilidad y observancia de las normas; si no hacemos lo básico como primeros educadores, es imposible pretender una solución; si no hacemos nada al calor del hogar y la primera escuela, estamos generando una mentalidad de soborno y “criando coimeros”.
Es hora de cambiar este sistema podrido, de acabar con los sobornos, los carruseles en la contratación, los carruseles en la administración, los sobrecostos, las cotizaciones amañadas, los pliegos licitatorios hechos a la medida para favorecer a un solo contratista, el tráfico de influencias, el abuso del poder; es hora de limpiar a Colombia y reconstruirlo moralmente; evidentemente no es cosa fácil ni podrá efectuarse a corto plazo, pero hay que iniciar ya y esto implica que actuemos todos con urgencia imperativa de atacar de frente la corrupción. ¡Hasta pronto!