Opinion: LA PAZ NO ES UNA MERCANCÍA – Mario Parra – Ante las circunstancias públicas que se han estado viviendo durante los últimos cuatro años, de entrada hay que decir que la oposición ha asumido el proceso de paz con tinte polítiquero y le ha dado a la paz el tratamiento de una mercancía más. Los colombianos estamos cansados de argumentos demagógicos y populistas; estamos cansados con el desprestigio de la política y la justicia; estamos cansados de que se solicite el voto para la guerra con el fin de crear la plataforma electoral con miras a las próximas elecciones presidenciales.
¿Dónde está la altura que debe tener la política? ¿Dónde las nuevas ideas? ¿Dónde está el respeto? ¿Dónde está el compromiso con la democracia?
El compromiso con la democracia no es atacar el proceso de paz, sembrar miedo, ni omitir la obligación de legislar; el compromiso con la democracia no admite el uso de un lenguaje acomodado a intereses polítiqueros; el compromiso con la democracia no es un capricho de querer llevar la contraria a un sueño de paz, rumorar y mal interpretar los acuerdos con el fin de desinformar y confundir a los colombianos; el compromiso con la democracia no es sostener un discurso maniqueista en contra de los acuerdos, ni tornarse apocalípticos, como cuando la oposición anticipó, desde un inicio, el fracaso de los diálogos o cuando pronostican que se les va a “entregar la patria a los guerrilleros” y al “castrochavismo”; el compromiso con la democracia no es desatar en el pueblo toda clase de temores e inquietudes e intimidar a los ciudadanos mediante las armas de la persuación lanzando acusaciones y culpando al Gobierno de todos los males del país, incluso de los problemas que el gobierno Uribe dejó como el abandono en que se encuentra el Chocó, la salud, la educación y el desempleo; el compromiso con la democracia no es inventar y difamar; el compromiso con la democracia no es meter veneno y llenar de falsas ilusiones al pueblo, como por ejemplo que “Votar por el No es votar por el Sí a la paz”; el compromiso con la democracia no es decir verdades a medias y realidades acomodadas. ¿Acaso los principios del Centro Democrático están destinados a la muerte, la destrucción, la guerra y acceder al poder como sea?
El Centro Democrático ha convertido la paz en mercancía, ha llevado la paz al espectáculo circense, sin argumentos serios, sólo atina a repetir y repetir consignas sin contenido; ha tocado fondo y raya con la mediocridad.
Uribe ejerce un liderazgo con imagen de un “Hitlercito” por la forma en que éste enfrenta la situación del conflicto patrio, buscando perpetuar el enfrentamiento de unos con los otros, sólo por mantener el poder y acceder nuevamente al poder -no olvidemos que el uribismo nació por el conflicto y se ha alimentado de él, de manera que le preocupa que al desaparecer las Farc como grupo insurgente es probable que se quede sin argumentos para su propósito de acceder al poder, para su propósito electorero-. Mantiene un desaforado estilo como elemento para influir, confundir e incitar al odio, la violencia y la guerra. Sólo espera ver exterminados o en la cárcel a los guerrilleros sin tener en cuenta la pérdida de un gran número de vidas humanas y el enorme gasto militar. En realidad busca venganza, exige a como de lugar, la aplicación de la Ley del Talión: ojo por ojo y diente por diente; estos discursos vengativos no deben tener cabida ni aceptación en el pensamiento de ningún colombiano.
Exijamos que los políticos estén a la altura de las necesidades de la sociedad y de un aténtico ejercicio democrático. La necesidad del pueblo colombiano es ponerle fin al conflicto armado interno para alcanzar la tan esperada paz. Colombia y los colombianos merecemos una nueva oportunidad. ¡Hasta pronto!