Uno de los principales flagelos que afecta a los campoalegrunos es el desempleo y la informalidad laboral. Campoalegre es un municipio sin industria, sin empresas y con un limitado comercio que no genera empleos de calidad. La rama de la actividad econòmica que concentra la mayor ocupaciòn es la agricultura, especialmente, el cultivo del arroz.
No se requiere ser experto, ni se necesita de un sesudo estudio o anàlisis econòmico para percibir la realidad laboral que vive la mayorìa de los trabajadores del campo que laboran por un jornal sin ninguna clase de dererechos prestacionales y de seguridad social integral. La informalidad es alarmante, pues el 90% de los ocupados no està afiliado a un sistema de pensiones; son una masa de trabajadores resignados a su infeliz suerte.
Al sector agropecuario, se suman el escaso comercio y el trabajador por cuenta propia, esto es en definitina, empleos de muy baja calidad y sin ninguna clase de estabilidad laboral en donde brilla por su ausencia como regla general, el salario mìnimo, las prestaciones laborales y la seguridad social en salud y pensiòn.
Los bahilleres que no alcanzan un cupo en la universidad por diferentes razones, entran a engrosar la tasa de desempleo; otros, se dedican a la actividad del rebusque transitorio o efìmero y los que consiguen empleo, ni siquiera perciben el salario mìnimo; varios, emigran a las cuidades a buscar posiblidades de empleo y estudio en su lucha individual por surgir; otros, dolorosamente se quedan posando en el parque principal y en los billares del pueblo. De igual modo, la suerte de los profesionales es lamentable y decepcionante.
La escasa fuente de empleo formal del sector pùblico son la Alcaldìa, la Emac y el Hospital del Rosario; en el sector privado, la molinerìa de arroz, es realizada solamente por el Molino Flor Huila, y como se dice coloquialmente: “pare de contar”.
El salario mìnimo no garantiza la subsistencia de los trabajadores y la de sus familias; el salario mìnimo implica dèficit del presupuesto familiar y significa pobreza moderada que la diferencia de la miseria absoluta.
Apoyemos el paro nacional programado por la centrales obreras el pròximo 24 de enero, para dignificar el salario de los colombianos. El Estado debe tomar su origen social que refiere el artìculo 1 de la Constituciòn Polìtica de “Estado Social de Derecho” y velar por los intereses de las mayorìas, en vez de ser defensor de las fortunas de unos cuantos privilegiados. Protestemos porque mientras los congresistas ganan salarios exhorbitantes y los aumentan cuando les da la gana, el salario mìnimo fijado para el 80% de los trabajadores colombianos es irrosorio, injusto e indignante.
En lo que corresponde al nivel local, el alcalde debe buscar alternativas que le permita a esa gran mayorìa de trabajadores del campo obtener los servicios sociales que presta la Caja de Compensaciòn Familiar del Huila para suplir las cargas laborales que no pueden soportar los agricultores. Se trata de dar al trabajador informal beneficios que hoy no tiene a un costo accesible para los empleadores. ¡Hasta pronto!
Por: Mario Parra