Opinión: ¿La sociedad Campoalegruna cada día más difícil de representar y gobernar? Por: Mario Parra – Es natural que la sociedad esté percibiendo, viendo y viviendo el hervor de la política participativa. La política somos todos, la política ya no es privilegio solo de los partidos políticos, es de la gente también. De la misma manera que los partidos políticos no son propiedad exclusiva de sus dirigentes, la política no es propiedad exclusiva de los partidos. Es decir, la gente de a pie está desplazando al dirigente jerarquizado y de privilegios que tienen los partidos.
La política, para bien de la democracia, se está transformando, este proceso de cambio viene desde la Constitución de 1991 con los mecanismos de participación ciudadana, y es por ello, que se ve de forma reiterada, cómo los campoalegrunos le respiran en la nunca al alcalde que no cumple con su programa de gobierno; ya los ciudadanos que conforman las diferentes Juntas de Acción Comunal, no son de segunda o tercera categoría, hoy en día tienen la capacidad y el poder para hacerse escuchar.
El ciudadano común cumple hoy un papel fundamental y un protagonismo que no tenía antes de la Constitución del 91, que permite esculcarle al alcalde hasta la compra del papel higiénico que consume en su dependencia. Los ciudadanos pueden cumplir libremente su labor participativa y esa la labor se ejercita a través de las veedurías ciudadanas, las juntas de acción comunal, los medios de comunicación y obviamente, por los escenarios constitucional y legalmente establecidos: el concejo y la personería municipales.
Todo el mundo tiene derecho a intervenir en la esfera pública, pero el problema se agrava es cuando ciertos alcaldes y gobernadores, consumidos por la vanidad y la arrogancia de los personajes que han creado, aceptan muy mal la crítica. Cualquier desacuerdo, por muy razonado que esté, lo asumen como un intento de desprestigiarlos, cualquier derecho de petición que se les dirija, lo entienden como un ataque personal. En consecuencia, cuando se dignan a contestar, lo suelen hacer en términos personales o refiriendo asuntos o argumentos que nada tiene que ver con objeto de la petición.
Muchos gobernantes locales y regionales no han entendido las transformaciones que ha originado la participación ciudadana que en cierto modo modifica “las relaciones de poder”, valora la participación ciudadana como un “derecho” de la sociedad, permite el control social de la gestión pública y favorece la transparencia de los actos del gobierno.
Recuerden estimados lectores que ya no somos súbditos de los gobernantes, sino “administrados” y tanto los alcaldes como los gobernadores, deben rendir cuentas de su administración y gestión a la ciudadanía en general; deben responder los derechos de petición en el término legal establecido acorde con el objeto de la solicitud y no cuando les dé la gana y como quieran contestar. ¡Hasta pronto!