Lo que està sucediendo en el paìs es de enorme gravedad. Los escàndalos y los actos de corrupciòn de toda ìndole se suceden uno tras de otro. Parece que los colombianos nos autoengañamos y cuando explota una noticia con “caràcter de escàndalo”, como la que originò el propio Defensor del Pueblo, nos rasgamos las vestiduras y sacamos pecho luciendo de moralistas.
A partir del escàndalo salieron polìticos, grupos sociales y feministas a relucir de intachable moral, los periòdicos se llenaron de columnas de opiniòn y discursos que reclamaban la renuncia del funcionario del ente defensoral; por televisiòn, revistas, cadenas radiales y redes sociales se pidiò igualmente la renuncia del aludido funcionario. Realmente una pataleta social inane que hace culto a la ingenuidad sin tener en cuenta el real estado de nuestra sociedad, pues el fenòmeno del acoso laboral y sexual es màs comùn de lo que se cree.
Es entendible y resulta inaudito que el funcionario que vela por la promociòn, ejercicio y divulgaciòn de los derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario, se encuentre involucrado en el oscuro episodio de su exsecretaria, supuestamente por acoso laboral y sexual, pero creer que el verdadero mal se arregla solo con “vender el sofà”, es un desconocimiento del problema real: “hay que reconstruir moralmente a Colombia y poner en pràctica los valores preservados en la conciencia de la mayorìa de colombianos”.
El desbarajuste de la sociedad colombiana comienza cuando se quebranta la moral, el respeto, la igualdad, la justicia y caemos en un Estado antisocial, torcido y pervertido.
Un tìtulo profesional no supone que se tenga principios y valores morales, es el compromiso moral y ètico de cada uno lo que acredita la verdadera calidad de buen cuidadano.
¿Hemos cambiado los principios y valores morales por las conveniencias e intereses personales? El hombre moralmente sano es capaz de distinguir las causas justas de los intereses bastardos e infames; es capaz de distinguir el sentido del bien y del mal, por eso es urgente sanar al hombre para que recobre la conciencia de su dignidad, la fuente de todos los valores.
Frente a ello, es indispensable poner en contexto la realidad cotidiana para reflexionar y expresar: “Basta ya de acoso laboral y sexual en las dependencias oficiales y privadas; basta ya de vanaglorismos a las personas al punto de situarlas màs allà de su condiciòn humana, como si fueran unos “dioses”; basta ya de afrentas a la dignidad de las personas, del abuso del poder, de los funcionarios y empleados con cierto rasgo de superioridad y que miran por encima del hombro; basta ya de los funcionarios preocupados màs por las càmaras, los micròfonos y los impactos en el àmbito comunicacional que por su trabajo”.
Si no cortamos la raìz del problema social los escàndalos seguiràn dàndose, pues parece que no aprendemos de nuestros errores. Rescatemos los valores y principios morales que permitan a la sociedad desenvolverse en forma decente. Los valores y principios morales comienzan en casa y en la escuela, pues los padres y los maestros constituyen un elemento esencial de la formaciòn.
Los colombianos necesitamos un cambio de mentalidad para cambiar el paìs, de lo contrario, seguiremos viviendo en una sociedad desigual, discriminada y que se esfuerza solo por aparentar. En la medida que mejoremos, menos posibilidades tendremos de hipotecar la dignidad.
Colombia es un paìs de gente buena, trabajadora, honrada, la que una minorìa que se cree superior violenta, ofende y desacredita. ¡Hasta pronto!